La Siguanaba se fue

matuteta

“Tóma tu teta.”

A principios de siglo 19, en el territorio salvadoreño y sobre todo en las riberas de los ríos, se escuchaba a una mujer lavando ropa a media noche, gritaba enloquecidamente y le encantaba mostrar sus pechos grandes y desnudos. “Tóma tu teta.”  Se las ofrecía a cuanto transeúnte ella encontrara a su paso.

Los hombres de inmediato caían rendidos a sus pies desmayados por una fuerte fiebre misteriosa, cuando despertaban solo sentían un olor a leche de vaca y no recordaban nada, no se sabe qué les habría hecho aquel ser de la media noche, simplemente la Siguanaba se había ido gritando en las chorreras del río.

Aquellos hombres que habían sido jugados por la “sucia” nunca volverían a ser los mismos, hablaban solos, lloraban asustados, temblaban y se iban apechando lentamente hasta convertirse en un esqueleto y morir.

De la noche a la mañana la Siguanaba se fue, no volvió a aparecer, probablemente se envegeció o se quedó ciega para siempre.