La visión de Correos de El Salvador trascendió las fronteras nacionales desde temprano. En 1879, El Salvador se integró a la Unión Postal Universal (UPU), una organización creada en 1874 para regular y brindar servicio postal internacional. Esta adhesión consolidó la conexión de El Salvador con 192 países del mundo bajo un marco normativo común. La UPU, ahora una organización especializada de las Naciones Unidas, con sede en Berna, Suiza, celebra congresos cada cinco años para discutir y actualizar los reglamentos que rigen el servicio postal global.
Además de la UPU, El Salvador también es miembro de la Unión Postal de las Américas, España y Portugal (UPAEP), con sede en Montevideo, Uruguay. Un acontecimiento importante para el país es que, por primera vez en la historia de la UPAEP, un salvadoreño, el Dr. Franklin Castro, ocupa el cargo de Secretario General como un reconocimiento a la trayectoria y liderazgo de El Salvador en el ámbito postal regional.
Otro suceso importante en la historia del país tiene fecha 1.0 de marzo de 1867 cuando se hizo obligatorio del uso de las primeras estampillas de la República de El Salvador, que fueron logradas con grabados de acero de la American Bank Note Corporation, de Estados Unidos. Estas tenían como motivo el volcán de San Miguel, con once estrellitas que representaba los once departamentos en que estaba organizado administrativamente El Salvador de entonces.
Las estampillas tenían cuatro colores y valores: el medio real era azul, un real era rojo, dos reales era verde y cuatro reales era café claro. En esa época no se usaba el sistema decimal en la moneda.
Antes de la digitalización, el proceso de envío y recepción de correspondencia era de forma manual. Los administradores de correos asistían a la población, a menudo analfabeta, en el llenado de sobres, la ubicación de remitentes y destinatarios, así como la aplicación del franqueo correcto. Las tarifas eran variadas, desde centavos de colón e incluso «reales» en tiempos más antiguos.
Las cartas eran lo más enviado, junto con paquetes que sorprendentemente podían contener desde queso duro hasta pescado. Aunque en la actualidad hay restricciones aduaneras, especialmente para ciertos alimentos y granos. El envío de documentos y medicamentos sigue prevaleciendo.
«El cartero jugaba un papel fundamental, no solo entregando correspondencia, sino que en ocasiones devolviendo envíos «fuera de línea», que excedían su radio de trabajo. Las cartas no entregadas por motivos como ausente, fallecido, cambio de domicilio o rechazado permanecían en la oficina de origen por 30 días para su reclamo y, de no ser así, pasaban a rezago por seis meses antes de ser destruidas. Si contenían valores eran sometidas a una venta pública», detalla José Alirio Velis, asistente técnico de la dirección de Correos.
De igual manera, las cartas internacionales siempre se devolvían a su país de origen. Antes de 1984, los costos de devolución eran asumidos por cada correo, pero a partir del Congreso de Beijing, en 1999, se implementó una tasa de devolución simbólica.
La historia de Correos de El Salvador es una narrativa de adaptación, resiliencia y un servicio inquebrantable a la sociedad. Es un recordatorio de cómo la comunicación, en todas sus formas, ha moldeado y seguirá moldeando el desarrollo de la nación.
Durante décadas, Correos de El Salvador fue la principal arteria de comunicación. Cartas, telegramas, giros postales y paquetería transitaban por sus manos, conectando familias, negocios y el gobierno. Las oficinas de correos eran puntos neurálgicos en cada pueblo y ciudad, lugares de encuentro y de espera de noticias de seres queridos o de transacciones comerciales.
Según datos de correos, antes de 1809 El Salvador ya contaba con más de 10 estafetas que estaban distribuidos estratégicamente en diferentes puntos del país lo que facilitaba el retiro o envío de la correspondencia y paquetes.
La era digital y la modernización del correo
La llegada de la tecnología transformó por completo las operaciones de Correos. Atrás quedaron los días de la clasificación manual de envíos en casilleros geográficos y el registro de entregas en libretas. Con el desarrollo del Sistema de Seguimiento y Control de Envíos (IPS), de la UPU, ahora se aplican registros digitales desde la admisión hasta la entrega final, lo que permite a los clientes rastrear sus envíos en línea.
La colaboración con la Dirección General de Aduanas y las compañías aéreas es fundamental. El uso de rayos X y la revisión con perros adiestrados se garantiza la seguridad de los envíos, además de contar con personal capacitado en la detección de sustancias ilícitas.
El sistema de reclamaciones también ha evolucionado: de formularios físicos con plazos de respuesta de hasta 30 días a un sistema en línea que ofrece respuestas de 12 a 24 horas, priorizando la satisfacción del cliente. Correos de El Salvador ha sido reconocido por la UPU con premios de oro y plata por la excelencia en su servicio EMS, lo que demuestra su compromiso con los estándares internacionales de calidad.
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