La literatura es una herramienta básica y esencial para educar con valores. Por esto es necesario fomentar y fortalecer el hábito a la lectura en la niñez salvadoreña, y continuar haciendo campañas de lectura entre los jóvenes.
Las personas que escribimos para públicos de todas las edades, tenemos la responsabilidad y el deber de cultivar en nuestras obras la reflexión sobre la vida y la muerte, la empatía y solidaridad, el amor y la familia, la amistad, el respeto y la tolerancia, el amor a la patria.
Los estilos pueden ser diversos, siempre y cuando no afecte las cualidades esenciales del lenguaje. Cada texto debe poseer claridad, orden, naturalidad, variedad, decoro, facilidad de lectura y precisión. Así, en los diferentes géneros literarios podemos encontrar la vitalidad, el ingenio y la personalidad de quienes escribimos.
Algunas personas que escriben, lo hacen para agradar, otras para emocionar y hacer reír; hay quienes lo usan para manifestar angustias existenciales o fanatizar, o bien para enseñar valores y combatir la violencia social con las letras, por citar algunos casos.
El género dramático nos permite provocar la reflexión en cada espectador, en la poesía despertamos sentimientos y emociones con grandeza y profundidad, con los cuentos motivamos la creatividad y la imaginación de los lectores. Gracias a la novela se nos permite descubrir la transformación humana, la historia, la gracia picarezca, la justicia, el sufrimiento, la alegría, etc. Y en la fábula encontramos siempre una moraleja de forma natural que deja una enseñanza moral, por citar algunos ejemplos.
Pero hay algo que no debería faltar en todos los géneros, y es la enseñanza de valores, la reflexión, la emoción. En mi caso particular, escribo cuentos y poesías para la niñez que enseñan muchos valores, y en mi temática abordo la niñez de la calle, la amistad, el autismo, el respeto, la hermandad, la sordera, la baja visión, el amor por los animales, el respeto al medioambiente, el cambio climático, el amor y la unión en la familia, y muchos elementos culturales. Otras personas escriben sobre viajes imaginarios, aventuras, amor por la belleza, historias de lugares fantásticos.
Cuando se escribe para la primera infancia y la niñez, debemos ser muy cuidadosos, tener claro qué escribirles, para motivar su desarrollo cognitivo y socioemocional, y que adquieran la capacidad de entender, expresarse y gestionar emociones, fortaleciendo su autoestima, relaciones de amistad y su propia identidad. Tenemos que tener claro qué deseamos enseñarles y cómo queremos fomentar en la niñez sus valores.
Si alguien escribe sobre la cultura egipcia, cultura indígena, cultura de Medio Oriente, etc., y hace relatos fantásticos llenos de formas y colores de vidas diferentes a las que tenemos en nuestra cultura, las personas que las leen deben poseer madurez mental para que las historias no provoquen un choque en sus creencias y maneras de relacionarse o actuar. Es decir, deben ser orientadas a un público lector de bachillerato y secundaria.
Es muy importante incluir en los programas educativos de la materia de Lenguaje y Literatura las obras de personas escritoras y poetas salvadoreñas reconocidas por sus trayectorias literarias y no limitar la lectura a las obras de personas fallecidas o extranjeras. Debe existir un diálogo constante entre las personas escritoras y poetas y el estudiantado para crear una sociedad conocedora de nuestros valores culturales.
El amor a la patria y a la familia tienen que ser fortalecidos con la lectura de obras que los fomenten.
Se ama a la patria y a la familia cuando se respetan los espacios públicos y no se ensucian las calles ni las casas; al sembrar árboles, rescatar la flora y la fauna y cuidar las áreas forestales protegidas; cuando no se contamina el aire, el suelo ni los cuerpos de agua; al mantener limpias las aceras y no invadir los espacios privados de otras personas.
Se ama a la patria y a la familia cuando conocemos a personas con discapacidad y las incluimos en nuestras actividades, al aprender sobre la accesibilidad para todas las personas y respetar a los adultos y personas mayores; al ser limpios, ordenados, tolerantes y practicar la paciencia y al no permitir la destrucción mental de la niñez con abusos y violencias.
Invito a las escuelas y colegios a usar la herramienta de la lectura para enseñar valores a sus estudiantes, para que aprendan también a expresarse con armonía y con pensamientos justos y profundos. Volvamos a los libros, pero no como una imposición que destruye el interés por leer. Volvamos a la lectura diaria, para el disfrute del aprendizaje.






