Las puertas del Museo de la Palabra y la Imagen se han abierto para recibir desde Canadá el arte de Óscar Deras, un artista cuya paleta de colores y emociones ha viajado por el mundo, desde México hasta su país de residencia (Canadá), para finalmente llegar su tierra natal, El Salvador.

La exposición, inaugurada hace una semana, es una sinfonía de técnicas que reflejan la evolución de un artista sin fronteras. Desde los primeros cuadros pintados en 1983, cuando vivía en tierra azteca, hasta los vivaces acrílicos que iluminaron sus días canadienses. Te cautivan las delicadas acuarelas, los suaves pasteles, el carácter del carboncillo y la audacia del grabado en madera.

El recorrido por la muestra revela una fascinante variedad técnica: desde el laker (laca), usado por necesidad económica al inicio de su carrera, hasta el acrílico adoptado en Canadá, obligado por el clima que impedía el trabajo en óleo en interiores.

El artista también emplea acuarelas, pasteles y carboncillo demostrando la versatilidad de quien se define como artista, abarcando múltiples medios, incluso el grabado en madera. Su mentor, Camilo Minero, fue de gran influencia y actualmente se manifiesta en cada trazo, cada grabado, y en la técnica única de la seráfica.

«Tengo varias técnicas y una que siempre recalco y practico se llama seráfica, que es un término que mi maestro definió porque se usa cera y tinta china, que son los gráficos. Le llamo así cuando son en blanco y negro […] Yo aprendí con él (Minero) la seráfica a dibujo. Sigo aprendiendo a dibujar, pero los principios fueron con él en su taller, no fue en una escuela», recuerda Deras.

La muestra es una retrospectiva de 30 piezas que abarcan 45 años de creación, desde 1983 hasta este año. Este viaje incluye 29 cuadros del artista, más un simbólico autorretrato de 1978, cedido al Ministerio de Cultura, y el cual forma parte de la Colección Nacional de Artes Visuales.

Cada cuadro posee diversas temáticas que reflejan las pasiones y nostalgias de Óscar. Uno de los pilares es la figura femenina, un modelo clásico, que como la «Venus de Willendorf» ha inspirado al artista por sus simbolismos de vida y pasión.

La serie más conmovedora es la dedicada a los juguetes autóctonos: las chibolas (canicas), los trompos, los capiruchos y los aviones de papel. Esta es un suspiro de nostalgia, un eco de juegos perdidos que Óscar rescata del olvido, un tributo a la cultura lúdica que él mismo vivió y que ahora, en sus lienzos, vuelve a respirar. «Para revivir esos juegos que yo practiqué es que pinté las chibolas, los capiruchos y aviones de papel», detalla.

Por otro lado, su visión del paisaje es rotundamente honesta: prefiere el paisaje urbano sobre la belleza natural.

«El paisaje mío no lo considero un paisaje bonito. Allá en Canadá donde vivo hay lugares preciosos para pintar, pero me atraen más los paisajes urbanos. Cosas que la gente no le encuentra ninguna belleza, yo le encuentro algo. Entonces, salgo por todos lados a buscar motivos. El artista como tanto ve cosas feas y bonitas, a veces descubre cosas que otros no ven», manifiesta.

Para Deras, esta exposición no es un regreso temporal, sino un cumplimiento. Su principal motivo, más allá de exponer, es «conectar con las juventudes que estén dedicadas al arte y con la comunidad artística».

La muestra permanecerá abierta al público por cinco meses, tiempo suficiente para que cada visitante se empape de su arte. Para Óscar, la recompensa no está en el precio de las piezas, sino en la mirada de cada persona. Incluso considera dejar algunas de sus obras en la Fundación Camilo Minero, un gesto de generosidad y para que su arte siga volando libre e inspirando a futuras generaciones.

Sobre el artista

Óscar Deras nació en 1952 en el Barrio Belén, San Salvador. Su formación artística comenzó en la Escuela de Artes Gráficas de Alberto Imery. Desde muy joven mostró inclinación por el arte, lo que lo llevó a ingresar como aprendiz en el taller del maestro Camilo Minero, una figura fundamental del arte salvadoreño. Esta experiencia le permitió observar y asimilar las técnicas y el estilo del maestro. Su talento fue reconocido tempranamente. En 1978 participó en una exposición de jóvenes pintores en la Sala Nacional de Exposiciones, logrando que una de sus obras fuera incorporada a la prestigiosa Colección Nacional.

Debido al contexto de violencia política que se intensificó en El Salvador durante los años ochenta, Deras se vio forzado a emigrar. Gracias a la gestión y apoyo de su maestro se le facilitó la posibilidad de viajar a México. En 1984 emigró a Canadá donde ha establecido su residencia y ha producido la mayor y más significativa parte de su obra artística a lo largo de más de 40 años de trayectoria, explorando diversas técnicas como el óleo, el grabado, la tinta china y la cera.

Lee tambiénDesaparece un cuadro de Picasso cuando era trasladado de Madrid a Granada