– Hago mis maletas y nos vamos. Dijo nuestro amiguito pez.
– No me importa que me llamen «Atún Rojo Migratorio» por viajar tanto a otros mares. Yo debo hacerlo para sobrevivir, no por placer. Afirmó moviendo sus aletas.
– ¿Sabes Susa? La gente cocina mucho sushi de Atún. Así he perdido gran cantidad de parientes y amigos. Dichosa tú que eres sólo una medusa gigante. A muchas de las personas que pescan Atún no les importan las prohibiciones temporales para no hacerlo, y quienes nos comen, siguen haciéndolo sin importarles que nuestra especie desaparezca. Exclamó el Atún Colorado con burbujas entrecortadas en un triste discurso a un cardumen de peces pequeños y a su amiga la Medusa Gigante del Atlántico.
– ¡Qué personas más torpes! Expresó Susa, la medusa. Sino mira cómo te apodan Atún Rojo, ja ja ja. ¡Si vos sos azul! Exclamó.
– Sí, yo soy azul. Quizás ellos no me miran así por ser daltónicos. Pero, en verdad, también me llaman Atún de Aleta Azul.
Lo que no sabe nuestro amigo Atún Colorado y doña Medusa, es que le dicen Rojo por su carne rosada y de un tono rojo intenso. En verdad, este pez es bastante voraz, come peces pequeños y crustáceos, y los traga sin masticar. Aunque esto, amigos, no es una excusa para que nosotros los humanos también comamos atún sin parar, al igual que lo hacen los tiburones y las horcas.
Por otra parte, doña Medusa Gigante del Atlántico no se queda atrás. Ella también es muy comelona. Aunque por el cambio climático anda bastante desorientada. La medusa Adrianita ha avistado toda la costa este del océano Atlántico, desde la zona de Brest, en Francia, hasta Sudáfrica, y también en el mar de Alborán, pero sufre por los cambios de temperatura y salinidad a los que se ve expuesta. La medusa Adrianita también nada en busca de un hogar, pues pertenece a una familia de medusas muy apetecible en determinados países asiáticos.
Ella es una madre preciosa, pues lleva a sus descendientes, llamados plánulas, muy protegidos entre sus brazos orales para poder liberarlos en un ambiente bueno para su desarrollo. En verdad es admirable. Debe ser fuerte y rápida para poder lograrlo.
– Adiós Susa. Me voy lejos. Voy a acelerar mi huida a cien kilómetros, no puedo esperarte. Gritó el Atún Colorado.
Así, tomó impulso, y empezó a nadar y nadar miles de kilómetros, siendo testigo de las realidades más tristes de los océanos y sus mares. Pasó por todo el Atlántico, el Mar Mediterráneo y el Mar Negro. Tanto nadó, que su cabeza, sus ojos y su boca se hicieron más chiquitos de lo habitual. Su dorso gris azulado, parecía reflejar la luz con colores metálicos, y su vientre totalmente plateado lucía brillante.
En ese trayecto, vio morir a dos tortugas azules, con sus caparazones llenos de una costra provocada por la basura. Un pulpo y un delfín habían perdido también sus vidas, al intentar salvar a su amiga.
Los arrecifes que antes protegían las colonias de peces habían sido destruidos, y cientos de bolsas plásticas, mascarillas, y utensilios desechables llenaban las aguas, de suciedad y trampas, aguas que antes eran frescas y limpias.
El Atún Colorado cerró sus ojitos y continuó nadando con todas sus fuerzas, días y noches, soportando frío y calor, hasta sentir el agua justo a la temperatura que necesitaba para descansar.
El Atún Colorado deseaba un hogar limpio y ordenado, una familia en un lugar donde no lo mataran. Lejos de la raza inhumana.
El Atún Rojo puede llegar a alcanzar los cuatro metros de longitud y pesar hasta setecientos kilogramos. El sueño de nuestro amigo es lograr esta talla. Y también encontrar un lugar donde bucear a grandes profundidades de mil metros.
Luego de varios meses, y muy cansado, vio una luz en el agua, una arena blanca y suave, muchos arrecifes de bellos colores. Entonces, decidió salir a flote para ver el horizonte. Por fin había encontrado una isla enorme, llena de vegetación y otros animales, todos habían emigrado como él.
Su carita sonrió al ver un cardumen de pececitos iguales a él, saludándolo. Había corales, arrecifes, burbujas de aire puro y hermosas algas. Y muchos deliciosos peces pequeños, crustáceos, anchoas, sardinas, calamares y caballas, para su alimentación. Todo era paz y felicidad.
La cadena alimenticia estaba intacta. Todos podían sobrevivir y reproducirse, había cantidades exactas para lograr un equilibrio de las especies.
El Atún Rojo es una especie clave en la cadena alimentaria.
Atrás quedó la pesadilla de un lugar donde casi la totalidad de los depredadores están muertos, un lugar de elevadas temperaturas de las aguas por el cambio climático y la contaminación, con excesiva presencia de pobres medusas que no hallan donde ir y terminan en áreas de las playas donde las mareas son rojas y tóxicas.
Por fin, lejos del peligro, nuestro amigo había logrado llegar a un lugar, donde de nuevo podía situarse en la cima de la cadena trófica marina.






