En el corazón del Centro Histórico de San Salvador, las calles se llenan de color y creatividad mientras feligreses de distintas edades trabajan en la elaboración de las tradicionales alfombras para la procesión del santo entierro.

Entre ellas, destaca la alfombra de sal más grande de Centroamérica, que como ya es tradición atrae todas las miradas.

Ni el sol ni la lluvia han detenido a los católicos, quienes con paciencia y dedicación continúan este viernes trabajando para tener listas las alfombras para la noche. La jornada refleja no solo fe, sino también un compromiso con la tradición.

Paso a paso, las calles se transforman en verdaderas galerías efímeras, llenas de arte que narra la historia del país y mantiene viva una de las costumbres más representativas de El Salvador.

Cada alfombra es un homenaje que combina creatividad, devoción y trabajo comunitario.

Con esta tradición, que se renueva año con año, el Centro Histórico se convierte en un escenario donde la cultura, la fe y el arte convergen.

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