DePoesía
Preguntaron las nuevas bocas, los nuevos sueños, las nuevas manos, qué tocan este instante y este tiempo.
Preguntaron: ¿para qué los ideales?, si el que sueña es despertado y el que ama burlado.
¿Para qué los ideales?, si el anciano magíster en la vida es tomado como carga.
¿Para qué los ideales?, si desde inicio del siglo veinte han fusilado más colores que estrellas.
¿Para qué los ideales?, si el prestigio lo hace añicos el poder y la soberbia.
¿Para qué los ideales?, si el destino está marcado sobre el bueno y sobre el malo como sello eterno.
¿Para qué los ideales?, si el que importa muere y el que harta se queda.
¿Para qué los ideales?, si el futuro es ausencia y el presente constante supervivencia.
¿Para qué los ideales?, si la savia del conacaste es ahora sangre de su estirpe.
¿Para qué los ideales?, si la canción de cuna es escupida por la lírica deshonesta.
¿Para qué los ideales?, si la pregunta es desechada como carga incompleta.
¿Para qué los ideales?, si la vida se ha vuelto un exilio y la fe una quimera.
¿Para qué los ideales?, si la franja áspera de la verdad ha sido pisada por la fantasiosa saliva de la hipocresía.
¿Para qué los ideales?, si el flamante honor a la patria se ha convertido en un telón de sátiras.
¿Para qué los ideales?, si el mayor baluarte del éxito es hacer menos para lograr el más traicionero.
¿Para qué los ideales?, si el jardín secreto se ha vuelto propiedad de todo puberto usurero.
¿Para qué los ideales?, si la cándida dicha se ha vuelto un arrabal cubierto.
¿Para qué los ideales?, si la vigilia pura y armoniosa ahora es un simple trocito de tiempo.
¿Para qué los ideales?, si el andamiaje de los buenos hábitos ahora sirve de cuña para un espejo.
¿Para qué los ideales?, si el pájaro se arrastra y la nube serpentea.
¿Para qué los ideales?, si la tumba es ahora escándalo y la nostalgia una duda pasajera.
¿Para qué los ideales?, si la mente es fracturada con la idiotez tecnológica de la eficiencia.
¿Para qué los ideales?, si el perdón es un circo en manos de una comadreja.
¿Para qué los ideales?, si el proverbio se volvió un entusiasmo gastado y la añoranza un resplandor de la verdad ratonera. Dígole yo, con papel de custodio del ideal.
¿Para qué los ideales?
Para abrir un cielo mañanero en la cumbre de un volcán.
Para construir un retazo barrilero en medio de la ciudad.
Para palmar en un suspiro el amor sobrante de dos almas sin igual.
Para enderezar la viga de mármol del velero a abarquillar.
Para renacer los sentimientos nacidos del ocaso y el desear.
Para murmurar ese nombre entre nombres, que Wagner ponía en partitura y mostraba un afán.
Para cavilar entre posturas la que nos lleve a cantar y danzar.
Para que no muera el sabio silencio, criterio sensato del sabio compás.
¿Para qué los ideales?, para escribir y para amar.
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De El Salvador
Nelson Rivera / DePoesía
Estaba a una orilla de sus sueños y en la espalda llevaba el peso que le daba las alas para volar.
Empezó a cruzar y sintió el río embravecido, pero la prudencia se ahogó en él.
La ilusión de un futuro mejor era su enajenado remo, la barca una quimera.
Se escuchó un fuerte retumbo y aunque luchó como el más valiente el río le comió sus fuerzas, y mientras sus ilusiones se ahogaban sus ojos permanecían fijos en la otra orilla.
Al poco rato dos cabezas, una era pequeña, flotaban ya sin sueños en las aguas del río Bravo.
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Por Zion EverGreen / DePoesía
Velorio
Segundo en pausa,
la madrugada estéril,
un frío sin brillo, efecto sin causa,
y silencio azul (de mar).
Desde el atardecer quieto hace
el diluvio de este invierno.
Hay una paz salpicada de murmullos de velorio
y una guitarra mal afinada con un toque tierno,
también estoy de duelo.
¡Mi más sentido pésame!
Creo que también estoy muerto,
préndeme una vela y rézame
cielito lindo detrás del velo.






