A sus 88 años, José Godofredo Pacheco Lemus, en el escritorio de su casa, recuerda haber caminado por las calles empedradas de Chalchuapa, con la serenidad de quien ha visto pasar casi un siglo de historia frente a sus ojos.
En cada saludo que recibe, en cada sonrisa que le devuelven los vecinos, se refleja el respeto y cariño hacia este hombre que, sin haber pasado del sexto grado de escolaridad, se convirtió en uno de los más reconocidos guardianes de la memoria histórica de la ciudad precolombina, en Santa Ana Oeste.
«Yo soy un hombre sencillo, pero me gustó mucho leer y aprender de los demás», dice con una sonrisa.
Contó que su curiosidad lo llevó, desde joven, a recorrer los rincones más antiguos de su tierra natal, a conversar con ancianos, a leer lo que caía en sus manos y a documentar mentalmente la historia viva de Chalchuapa, un territorio de mucha arqueología, que fue construida sobre un asentamiento maya.
Hablar con Godofredo es recorrer el tiempo. Sus relatos van desde los años de la guerra hasta los días tranquilos que ahora vive Chalchuapa.

Describe con precisión los lugares emblemáticos, como la laguna de Cuzcachapa, el imponente sitio arqueológico Tazumal, los antiguos caminos que unían a las familias y los oficios que daban vida a la ciudad.
Aunque nunca fue un académico, su sabiduría empírica lo convirtió en una referencia obligada para investigadores, estudiantes y curiosos que buscan conocer más sobre la identidad chalchuapaneca. Muchos lo llaman el historiador del pueblo, título que acepta con humildad, pero también con el orgullo de quien ha dedicado su vida a contar lo que otros olvidan.
«Me gustó siempre saber de Chalchuapa, es mi tierra, me llena de orgullo. Es la ciudad que posee cosas únicas, como la celebración de la Semana Santa en la forma que se hace; tenemos la dicha de que un chalchuapaneco hizo la marcha “Christus Factus” [marcha procesional que se toca solo para la procesión del Santo Entierro]», relató Pacheco.
En sus ratos libres, Godofredo toca la marimba, ese instrumento artesanal que —como él— mantiene vivas las tradiciones.
A su edad sigue lúcido, con una memoria que sorprende a quienes lo escuchan. Puede relatar con detalle los cambios del paisaje urbano, los personajes emblemáticos y hasta los mitos que dan forma al espíritu de Chalchuapa, que también es conocida como la ciudad de los 20 siglos, por su profunda y continua historia de ocupación humana desde hace más de 3,200 años.
«Mi deseo es que los jóvenes no olviden de dónde venimos, porque Chalchuapa tiene historia, y esa historia está viva mientras alguien la recuerde», expresó.






