El arte en vivo es una forma de performance que no solo busca plasmar a través de un lienzo la emoción que el artista proyecta en ese momento, también busca interactuar con la audiencia que lo rodea.
En 2023, Ani, una artista mexicana, de forma circunstancial viene a tierras cuscatlecas a buscar esa conexión con el entorno y crea el proyecto que lleva por nombre «Siete cielos». Para Ani, el número dentro del nombre de su muestra no fue algo premeditado, sino que desde antes de salir de México sintió una conexión con este dígito que fue reafirmado con acontecimientos vividos en su trayectoria hacia el país.
«Mi historia en El Salvador desde una perspectiva terrenal es meramente circunstancial, desde una perspectiva espiritual. Las energías de resurgimiento de avance, de luz y amor fueron las que nos unieron a El Salvador y a su servidora. Ambos vamos caminando por estos senderos de prosperidad dejando salir nuestro brillo basado en El Espíritu Santo para ser una guía que nos encamine al amor como humanidad hacia una vida divina», manifiesta la pintora.
El primer cuadro de esta colección lo realizó en el CUBO de San Luis Talpa. Luego se movió hacia San Salvador y en la Plaza Morazán creó su segundo cuadro, «unicornios húmedos».
«Ese día estaba lloviendo, pero yo no podía no hacerlo porque tenía los días contados. Entonces fue: bajo la lluvia hagámoslo y salió esta obra, que muchas veces se verá como que le resta valor o como que ¡ay no, está lloviendo, se va a echar a perder el cuadro!, más bien le aumenta historia, tiene más significado y te cuenta todo eso que sucedió, que tuvo que pasar», recuerda.
Su tercer cuadro que lleva por nombre «Guie´ Izalco» fue creado siempre en la Plaza Morazán. La artista comenzó a elaborar su cuadro sin idea alguna hasta que las personas comenzaron a decirle que era un volcán. «Esto muestra que justamente solo por estar conectada con tus sentidos, con el espacio, con el todo sale lo inminente a salir. ¿Qué era lo destinado a salir aquí?, pues claramente un volcán y eso fue lo que salió, sin saberlo hicimos un volcán aquí en la tierra de los volcanes», expresa.
El cuarto cuadro está relacionado al principito y su rosa. El quinto representa a la Flor de Izote de El Salvador. El sexto cuadro lo hizo durante la Celebración del día de Muertos en el Museo Nacional de Antropología, MUNA.
«Ese lo hice esa noche y coincidentemente se acerca un chico, empezamos a charlar y me dijo que él antes pintaba pero que le agarró un tanto de coraje la pintura, pero verme pintar lo había inspirado. Luego se acerca una señora y me dice si ya me acerqué a la embajada (de México), le dije que no pero que lo iba a tomar en cuenta (…) Antes de irme pasé a la embajada a contar sobre mi proyecto y así se fue gestionando esta exposición», relata.
Su último cuadro fue pintado en el Parque Cuscatlán, siempre bajo la lluvia. Al finalizar estos siete primeros cuadros quedaron en expuestos en el Palacio Municipal de las Artes, en Antiguo Cuscatlán.




Siete cielos 2
Así como terminó el ciclo de sus primeros cuadros en el parque Cuscatlán, así inició su primer cuadro de esta nueva muestra en el mismo lugar. El segundo fue creado en la Plaza Barrios, el tercer cuadro se hizo en la Playa El Zonte, La Libertad; el cuarto fue en la Puerta del Diablo, el quinto fue en el Divino Salvador del Mundo, el sexto en el Parque Daniel Hernández, en Santa Tecla.
«Mi cometido con este proyecto y a lo que quiero llegar es que tanto Secretaría de Turismo como Secretaría de Cultura de diversos estados o países (…) interfieran y que se haga un vídeo de vista aérea, del entorno, de cómo la cultura tiene interacción con el espacio turístico y que es otra forma de llamar y de halar la atención hacia ese espacio», destaca la pintora.
Su último y séptimo cuadro fue realizado durante la inauguración de la exposición en la Embajada de México.
«A cada obra le pongo el nombre ya que la termino. Pero a este tenía que poner la ficha antes de que estuviera el cuadro y ya fue eso de “somos espejo”, porque lo que yo quiero dar a entender es que yo soy en esencia lo que soy como artista, y me van a estar viendo, pero no me están viendo a mí, se están viendo a ellos mismos reflejados», manifiesta Ani.
Durante su reciente visita al país, aparte de pintar siete nuevos cuadros, la joven artista también tuvo la oportunidad de impartir talleres y conversatorios en universidades, donde dio a conocer su arte y su historia.

Los ciclos de Ani
Su nombre es Andrea Nava Ibarra, pero desde pequeña observó que el acrónimo de su nombre es Ani. De ahí su apelativo artístico.
La primera vez que abordó un avión hacia El Salvador, Ani compró tres libros de ángeles (porque le gusta este tipo de lectura) para regalarlos. Ella tiene una edición antigua de este mismo escrito, pero esta nueva explica siete niveles del mundo angelical, allí vio reflejado el número utilizado en el nombre de su muestra.
Uno de los libros lo dejó en la Catedral de San Salvador cuando la visitó. Otro se lo dio al chico que se encontró en el MUNA.
«Cuando se acabaron mis días en la residencia y ya tuve que buscar otro lugar para quedarme, este chico estuvo todo este año al pendiente de mí, siempre me escribía por Instagram, se veía interesado por el arte y ahora él me dio asilo en casa de su abuela», detalla.
El tercer libro se lo dio a la señora que también se encontró en el MUNA y que le recomendó visitara la embajada de México. «Yo ni idea de ella, ni ella y de mí, pero el día de la inauguración vino y le dije que por ella estaba aquí (…). Es como si todos los ciclos se van cerrando, todo se va encontrando y como todo es destinado a ser definitivamente eso», explica.






