En el Museo Regional de Occidente, ubicado en Santa Ana, se encuentra la exposición de «De Loroco y Papelillo: Lo que comemos en El Salvador», con la que se pretende incentivar la conservación de las especies, mostrar la importancia que tienen dentro de la gastronomía salvadoreña, sobre todo apoyar la toma de decisiones que involucran el desarrollo sostenible de su producción en el país.

En la sala de exposición, ubicada en el segundo nivel del museo, se pueden apreciar fotografías de 22 especies -de las de las más de 40 existentes- que son comestibles, y a la vez pueden servir de banco genético para mejorar los cultivos nacionales.

Cada imagen posee la información de la familia a la que pertenecen las plantas, su uso y sus respectivos nombres [científico y común].

El Herbario Nacional del Museo de la Historia Natural de El Salvador [Muhnes] hizo una recolecta de especies en todo el país con el potencial alimenticio y llevó a cabo su identificación taxonómica.

La investigación forma parte de un proyecto regional para salvaguardar a los parientes silvestres de cultivos mesoamericanos, con el fin de implementar la Convención sobre diversidad biológica y el Tratado internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura, en apoyo con al Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria (Centa).

Algunas de las especies son bastante conocidas, sobre todo las que se relacionan con la elaboración pupusas, por ejemplo, el loroco, el papelillo y la mora. Otras solo son consumidas en pequeñas regiones del país, por ejemplo, el maíz de Dios, el frijol silvestre y el ala de murciélago.

La exposición «De Loroco y Papelillo: Lo que comemos en El Salvador» fue inaugurada el pasado 4 de febrero y estará abierta al público hasta el 23 de mayo próximo.

Las colecciones nacionales

En El Salvador se encuentran tres colecciones nacionales de la historia natural: botánica o herbario nacional, paleontología y zoología; que contienen especímenes o piezas que registran la belleza, riqueza y variedad de nuestra diversidad biológica y paleontológica, algunas de las cuales son únicas en el mundo.

Colección botánica o Herbario Nacional: Está formada por especímenes de plantas colectadas en diversos puntos del país, están distribuidas en 270 familias botánicas; cuenta con colecciones de briofitas (musgos y hepáticas), algas y pteridofitas (helechos), gimnospermas y angiospermas.

Colección de paleontología: La colección de fósiles está formada por muestras de flora (algas, hojas, madera mineralizada y carbonizada), fauna (invertebrados y vertebrados) las cuales fueron obtenidos en excavaciones que se realizaron en diferentes puntos del territorio. Lo que más sobresale dentro del conjunto de piezas de la colección son los molares de mastodontes, colectados por el doctor David J. Guzmán, a finales de 1800 en Ilobasco, Cabañas. Algunas de las piezas son un diente deciduo (diente de leche) de un oso cara corta y de tigre dientes de sable, ambos se encontraron en el sitio paleontológico de Apopa. También se encuentran huesos de una rana que vivió durante el Mioceno, en la zona que se conoce ahora como la ribera del río Torola. La colección incluye moluscos, corales y equinodermos procedentes de Metapán.

Colección de Zoología: Está conformada por especímenes de moluscos, insectos, arácnidos, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos, que fueron colectados en investigaciones ejecutadas por biólogos tanto nacionales como extranjeros.

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