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Yanira Soundy ESCRITORA / Caleidoscopio/ Artículos sobre literatura/ Octava entrega

«A esos amores que maduran la vida en el umbral de los sueños»

En esta ocasión quiero compartir con ustedes algunos poemas de amor escritos a diversos tipos de hombres. Es un homenaje a quienes aman o han amado más de una vez. Y es así de simple, el amor juega a vestirse de diferentes formas, cuerpos y colores. Unas veces, es el muchacho bachiller y la colegiala inexperta que buscan rincones oscuros para explorar sus universos; otras, el forastero apasionado que vive una aventura y regresa cada viernes a ver a su enamorada, sin medir el espacio, el tiempo ni las consecuencias. El amor es un hombre amante que no se resigna a perder a su amada, el adiós en el momento indicado y el reencuentro de dos almas en la adultez, el amor es estar siempre o permanecer anclado en el recuerdo, es la voz ronca de tanto llamarle en el silencio, un camino a cuestas y una caricia húmeda que traspasa la conciencia.

Muchas veces, a las escritoras nos preguntan, ¿cuántas veces nos hemos enamorado? Y las personas que creen conocernos, inventan cifras y nombres.

La pregunta que deberían hacernos es: ¿Cuánto hemos amado?

En verdad, nadie ama solo una vez. Lo que cambia es la intensidad de la entrega, la prolongación de la historia, la profundidad de una mirada. Podemos vivir la eternidad en un solo segundo, la plenitud en tan solo un beso y morir luego en la mediocridad de lo cotidiano.

He titulado a esta serie “Amor en Primavera”, pues la pasión y el amor combinados, son la explosión exacta de piel y sentimiento, y esto se vive en una sola cúspide, generalmente en esa época a la que llamamos primavera.

En este mes dedicado al amor, les comparto algunas poesías.

«Amor de lluvia»

Te amaré con un amor de lluvia.

Lentamente sobre tu fronda, maduraré las espigas de tu campo, en el fondo profundo de la tarde.

Te amaré encendida, en el resplandor furtivo de la luz, en una gota de silencio.

Sola, total, única…

Sin formas, huidiza, resbalada…

Te amaré nívea, secreta, con un pecho parecido al de la lluvia y llenaré tu silencio con un temblor de luciérnagas de música.

Te amaré con un pecho parecido al de la lluvia, para humedecer tu piel y hacer crecer los lirios y las rosas.

Descalza, sin alas, quiero amarte en el mismo huerto donde corren ninfas, entre rosales celestes y árboles gigantes inventados en sueños.

Te amaré con un pecho parecido al de la lluvia, así de transparente, y fina.

«Entrega»

Humedece mi vientre, derrumba al aire y estremece a los árboles y a la hierba.

Lléname de ti y déjame ver como la lluvia se confunde con el mar, para ser, el más hermoso silencio, extendida en ti, cansada, celeste y tuya.

«Fragmentos de estrellas»

Vida: soledad disfrazada de inocencia, alfombra de hojas secas, trampa que nos cierra el paso. Temblor en mi voz al llamarme libertad.

Tiempo inenarrable, polvo de angustia y rosas blancas. Piel encendida en cada beso tuyo.

Es recorrer tu mundo con mis dedos y besarte emergido en el milagro de la aurora, como un racimo de hojas perfumadas.

Vida: ala abierta al cielo y mi jardín, transparencia en el cardo y las estrellas. Finísima frontera entre el camino de lo real y lo prohibido. Pasión que me llena de ramas y mágicos soles.

Eres tú: olvido y encuentro a diario. Soy Yo, corola y flor, para tu estambre fértil, y tú, noche, para mi brote de luciérnagas.

Te escucho crujir en las maderas de los árboles, pero acá en mi cama, no hay fibras de tu luz entre las sábanas.

Sólo eres piel de fragmentos de estrellas en un cuerpo sin olas ni mar.