La tradicional ramada frente a la parroquia Santiago Apóstol, en Chalchuapa, fue instalada y utilizada desde el Domingo de Ramos, como parte de una costumbre que se ha mantenido viva desde la época colonial.

Esta estructura, elaborada por manos locales, recordó cómo en tiempos antiguos los fieles católicos se congregaban en este espacio abierto ante la falta de templos formales, para vivir con devoción los actos de la Semana Santa. Con el paso de los años, la práctica se ha preservado como un símbolo de identidad y fe para la comunidad.

Durante la conmemoración, decenas de feligreses se reunieron bajo la ramada para participar en diferentes actividades religiosas, reafirmando el arraigo de una tradición que ha sido transmitida de generación en generación.

«La verdad es que la Semana Santa en Chalchuapa es un patrimonio que nos llena de orgullo. Es un gusto venir, ver la ramada que con tanto esfuerzo se realiza cada año, así como tantas otras tradiciones. Por ejemplo, la lavada de la ropa de Jesús en el Trapiche, que estamos por vivir el lunes, y un día antes el Domingo de Ramos. Todos estos son actos llenos de fe y tradición que nos caracterizan. Me siento orgullosa de ser chalchuapaneca y de vivir todo esto, que se transmite de generación en generación y que creemos nunca se va a perder», expresó María Gutiérrez, feligresa que salía de elevar sus plegarias en la iglesia Santiago Apóstol.

Habitantes de Chalchuapa destacaron que este tipo de expresiones no solo fortalecieron la espiritualidad, sino que también conservaron la memoria histórica de la ciudad, considerada una de las más antiguas del país.

La ramada, más allá de su función temporal, volvió a convertirse en un punto de encuentro donde la fe, la historia y la comunidad se entrelazaron en cada jornada de la Semana Mayor.

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