La biblioteca de los sueños es una gran oportunidad para los niños de Santo Domingo de Guzmán, por lo que los padres o adultos responsables de los pequeños hacen los esfuerzos necesarios para aprovechar ese fabuloso espacio.

Por la pandemia, los días de atención se ajustaron. Ahora solo atienden de jueves a domingo y en grupos reducidos.

Los domingos son toda una aventura. Desde caseríos y cantones cercanos los niños -en compañía de algunas madres- viajan en camión hasta la biblioteca. Llegan de El Zope, El Valle, El Zarzalito, El Cahulote.

A ellos se suman los pequeños que habitan en los diferentes barrios que forman el casco urbano de Santo Domingo como El Calvario y El Rosario.

Antes que los niños lleguen a la biblioteca se prepara todo lo que habrá de usarse para la jornada del día: colores, papel para dibujos, crayones, juegos tradicionales, cantos.

Pueden ser hasta tres horas consecutivas (entre 2 y 5 de la tarde) donde los niños comparten entre sí, con sus mamás o con las promotoras de lectura que colaboran con la biblioteca. La idea es aprender jugando.

Las jornadas incluyen espacios para juegos tradicionales, por lo que en el piso de la habitación principal de la casona que alberga la biblioteca hay una enorme peregrina pintada en el piso.

En las paredes hay sinnúmero de dibujos elaborados por los niños, quienes se inspiran en los libros leídos para crearlos: hay pájaros, castillos, unicornios, corazones, gatos, frutas, árboles, lagartos y hasta autorretratos.  

Los niños a su llegada a la biblioteca Foto Diego García.

Influencia náhuat

Como complemento al espacio en la biblioteca, a unos metros hay un pequeño solar. Hasta allí se trasladan los niños, sus parientes y las promotoras para seguir las jornadas de aprendizaje y diversión.

Hace unos domingos, llegó un grupo de cantón El Zarzalito donde la influencia náhuat es muy fuerte gracias al empeño de don Blas, un nahuablante.

Guiados por él, los niños que ya han aprendido algunas palabras en náhuat dieron una pequeña demostración al resto de sus compañeritos que habían llegado a la biblioteca.

Cantaron a viva voz, al tiempo que levantaban dibujos en papel para enseñar lo que decían. Hablaron de un lapicito, a quien le pedían ayuda para dibujar el rostro de mamá. Al final de la pequeña presentación, vinieron los aplausos y los refrigerios.

Un proyecto con mucho corazón

La biblioteca de los sueños se sostiene gracias al apoyo incondicional de compatriotas y amigos de salvadoreños en Estados Unidos. Eso posibilita pagar el alquiler de la casa en Santo Domingo de Guzmán.

Un equipo de colaboradores se ha sumado, de forma permanente, a la administración del lugar: Carolina Osorio, funge como directora de la biblioteca; Alfredo Pérez, es directivo. Mientras Juan Vásquez Vásquez y Franklin Pérez, son grandes colaboradores.

La atención directa de los niños y niñas recae en las promotoras de lectura: Karla, Haysi y Claudia. Ellas se alternan para la atención de los niños, por supuesto preparan los materiales que necesitarán en las jornadas lúdico-formativas. Las madres de familia colaboran decididamente en las visitas que sus hijos e hijas realizan a la biblioteca.