La nueva presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), la zimbabuense Kirsty Coventry, deberá afrontar un panorama geopolítico volcánico, desde la relación de la instancia con Estados Unidos y su presidente Donald Trump, hasta la eventual reinserción de Rusia al movimiento olímpico.
«El COI no se enfrenta a un contexto político tan problemático desde hace muchos años», resume para AFP el exjefe de marketing de la instancia Michael Payne.
¿Qué hacer con Rusia?
Como ya hiciera en 2013 con Thomas Bach, el presidente ruso Vladimir Putin se apresuró el jueves a felicitar a Coventry, destacando «su interés por la promoción real de los nobles ideales olímpicos».
Pero más allá de las palabras, el mandatario ruso presiona para que Rusia, excluida tras la invasión de Ucrania –una decisión de que Moscú califica de «discriminatoria» bajo influencia occidental–, sea reintegrada al movimiento olímpico.
A menos de un año para los Juegos de Milán-Cortina, una de los primeros dosieres que tendrá que estudiar Coventry, que oficialmente asumirá el cargo el 23 de junio, será la participación en la cita de los deportistas rusos y bielorrusos y en qué condiciones.
Salvo resolución del conflicto, la comisión ejecutiva del COI, de la que Coventry forma parte, debería calcar la solución adoptada para París-2024: participación de rusos y bielorrusos a título individual, bajo bandera neutra y si no apoyaron la guerra.
Pero Coventry no se pronunció claramente sobre el tema durante la campaña.
Afganistán y Gaza, emblemas de la «diplomacia discreta»
Raramente citada, la acción del COI en Afganistán es, sin embargo, emblemática de su «diplomacia discreta», es decir, el arte de lograr pequeñas concesiones cuando se carecen de medios de presión.
Tras haber exfiltrado a cerca de 300 miembros de la comunidad deportiva afgana luego del regreso al poder e los talibanes, en agosto de 2021, la instancia obtuvo en París una delegación paritaria, una manera de no ceder en materia de derechos de la mujer a competir.
Pero los seis deportistas participantes en París vivían todos en el exilio, lo que demuestras que Coventry y su equipo tendrán que luchar los próximos años por garantizar la seguridad de los deportistas afganos que se queden en el país, así como sus familias.
El conflicto entre Israel y Hamás es otro ejemplo del equilibrismo del COI, que nunca pensó en obligar a los deportistas israelíes bajo bandera neutra en París, rechazando todo paralelismo con Ucrania. A la vez, invitó a ocho deportistas palestinos que no habían logrado la clasificación olímpica por medios deportivos.
Teniendo en cuenta lo destruido que ha quedado el deporte palestino, esta cuestión volverá a ponerse sobre la mesa en Los Ángeles.
El sueño de unos Juegos africanos
La elección de la ministra de Deportes de Zimbabue (desde 2018), que además coordina para el COI los Juegos de la Juventud de Dakar-2026, hace plantearse una pregunta inevitable. África, único continente que nunca ha sido sede de unos Juegos, ¿tendrá ahora su oportunidad?
Ya pionera en 2010 al organizar el primer (y único hasta la fecha) Mundial de Fútbol, Sudáfrica aspira a organizar la edición de 2036, al igual que otros países como India, Turquía, Hungría, Catar y Arabia Saudita.






