Que dos magos del fútbol coincidan en un mismo estadio es poco usual, pero que lo hagan en un encuentro de fútbol es aún menos frecuente, y en 2003, el estadio Ramón de Carranza vio como dos figuras -una de ellas en potencia- pisaban su engramillado.

Al día de hoy, ambas estrellas ya dejaron sus botines guardados, pero las más bellas obras de arte en el fútbol tienen su sello.

4 de febrero de 2003, el Cádiz Club de Fútbol le rendía homenaje a su más grande estrella, el salvadoreño Jorge «El Mágico» González, o como le llamaban en tierras gaditanas «El Mago», y habían invitado al juego amistoso precisamente al Futbol Club Barcelona, otrora equipo de Jorge.

El Barcelona llegaba con una constelación de estrellas a la Tacita de Plata, y en contraste, el Cádiz estaba en segunda B de España, pasando por malos momentos futbolísticos, pero dispuestos a homenajear al Mágico.

La plantilla blaugrana incluía nombres como el de Frank De Boer, Gaizka Mendieta, Phillip Cocu, Patrick Kluivert y Juan Román Riquelme. Además, el más reciente fichaje era del lateral argentino, Juan Pablo Sorín.

Desde la escuadra amarilla, Jorge formó desde el primer minuto, y dio deleites que enardecían a los aficionados que habían acudido para verlo como en otros tiempos lo habían hecho.

El primer tiempo llegó a su fin, y la parcialidad 1-1 estaba en el marcador, con un tanto de Sorín por los blaugranas y Navarrete por los gaditanos.

Sin embargo, con el comienzo del segundo tiempo, el estratega serbio de los catalanes, Radomir Antic, decidió efectuar algunos cambios, y entre ellos iba precisamente un jovencito Andrés Iniesta.

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Hoy, 8 de octubre, 21 años después de aquel juego, Andrés Iniesta también ha decidido poner fin a su carrera como futbolista profesional. El palmarés del El genio de Fuentealbilla​​ es tan amplio que lo ganó todo, tanto con el club condal como con la selección española.

Dentro de los compaces del segundo tiempo, hay una jugada en donde Jorge le hace un autopase al jovencito Iniesta, demostrando que su magia aún prevalecía en sus botines, y el balón le obedecía con sutileza.

El marcador final dejó una victoria blaugrana 1-2, pero el mejor recuerdo vino de ver a un mago retirado y a otro que comenzaba a deslumbrar con sus trucos sacados de un sombrero en un mismo terreno de juego.