El Estadio Cuscatlán volvió a latir con fuerza el Azul y Blanco desde tempranas horas, muchos salvadoreños comenzaron a llegar en familia, con camisetas, banderas y rostros pintados, para alentar con el corazón a la Selecta en su crucial duelo contra Surinam, en la lucha por seguir con vida en las eliminatorias rumbo al Mundial de 2026.

El ambiente fue una mezcla vibrante de esperanza y pasión. Padres, hijos, abuelos y grupos de amigos convirtieron las inmediaciones del estadio en un carnaval, donde la esperanza y la pasión no faltó.

La tradicional barra organizada no faltó, tampoco los vendedores ambulantes con los infaltables platos de carne, las pupusas envueltas para llevar y las indumentarias de la Selecta que marcaban el ritmo de la ilusión.

La Selecta, urgida de sumar, recibe el respaldo de una afición que no se cansa de soñar, en un partido que representa más que tres puntos, es el anhelo de un país por volver a una Copa del Mundo después de más de 40 años.

Esta noche el pueblo salvadoreño dejó claro su incondicional amor por la Azul, reafirmando que la Selecta cuando juega en casa lo hace con un elemento más a su favor, su noble y fiel afición.







