El juego terminó y el ruido que se trajeron desde las gradas del estadio Toyota para alentar a la selección lo pasaron para el estacionamiento del recinto de FC Dallas. Era un bullicio impresionante, apoyado por los instrumentos musicales.
«Llegó la banda loca de la Selecta, la que del Pulgarcito nunca se olvida» La hinchada salvadoreña estaba emocionada, cautivada por las dos victorias consecutivas que consiguió el equipo nacional hasta ahora, en Copa Oro, y el boleto a cuartos de final.
Se enarboló la bandera cuscatleca y la cumbia no fue reserva en ningún momento. Luego, el Carbonero se antojaba en automático. Pero los hinchas fueron más allá en su repertorio. Faltaba el Torito Pinto. Todo aquello en un mar de camisas azules.
En día de labores, miércoles, los salvadoreños festejaron, carcajearon y bailaron a su antojo. Llegaron desde Houston, Maryland, Arkansas y el nutrido grupo de Los Ángeles, que desde el martes acudió. Los angelinos llegaron , unos por tierra y otros por avión.
«Que la Selecta venga acá es algo especial. Con nuestra música, la gente se emociona, porque un día nos tocó salir del Pulgarcito. Acá estamos las Barras 503, Bichos Unidos y Los Siempre», indicó Edwuard Rivas, uno de los dirigentes de la barra.
En medio de los festejos de los connacionales volvieron a aparecer el estadounidense, Benjamin Peacock,y el uruguayo, Luis Dólar. Ambos han acompañado a la Azul en los dos juegos en el estadio Toyota.






