Menor oxigenación en sangre, mayor desgaste físico e incremento de la velocidad del balón son los retos que los 2,240 metros de altitud de la Ciudad de México presentan a los futbolistas que jugarán en el estadio Azteca durante el Mundial 2026.

También jugarán por la ronda inicial del torneo Uzbekistán contra Colombia y el Tri contra uno de los cuatro ganadores del repechaje europeo, que se define en marzo.

Además, el calendario incluye dos partidos de la segunda fase en el Azteca, el estadio donde levantaron la copa del mundo Pelé y Diego Maradona.

Para el uruguayo Daniel Ipata, un preparador físico que trabajó con México para el Mundial de Corea del Sur y Japón 2002, la altitud de la capital no es «dramática», pero sí es «real».

«Hay una disminución de entre 20% y 25% de la presión parcial de oxígeno, lo que redunda en menor oxigenación en sangre y menor rendimiento aeróbico. Y a mayor fatiga, menor capacidad de tomar decisiones», explica en entrevista a la AFP.

La mejor táctica es disponer de un periodo de adaptación, de entre 10 y 14 días, que permita aumentar los entrenamientos y cuidar la hidratación de los deportistas.

Otra consecuencia de la altitud es la mayor velocidad del balón.

«Hay que buscar mejores adaptaciones técnicas en el control, en la conducción, en el pase, en los remates, en los lanzamientos», estima Ipata.

Viejos temores

Las justas deportivas en esta megaurbe siempre han despertado dudas.

Antes de los Juegos Olímpicos de México 1968 había temor de que los deportistas cayeran fulminados.

Sin embargo, se registraron hazañas memorables.

El estadounidense Jim Hines corrió los 100 metros planos por primera vez debajo de los 10 segundos y su compatriota Bob Beamon voló 8,90 metros en salto largo, el récord olímpico más longevo y la segunda marca mundial en la disciplina.

En el Mundial de México 1970, Brasil tuvo la cautela de concentrase un mes antes para adaptarse a la altura. La estrategia rindió frutos: se coronó campeón y dejó en el Azteca la imborrable imagen de Pelé festejando con un sombrero charro.

En 1986, México volvió a ser sede del Mundial, pero los preparativos estuvieron marcados por el devastador terremoto de septiembre de 1985 que destruyó parte de la capital.

Pese a una contaminación atmosférica récord ese año, nuevamente el Azteca regaló postales para la posteridad como el «Gol del siglo» del argentino Maradona contra los ingleses en cuartos de final.

México buscará aprovecharse

El Tri pisará la cancha decidido a hacer historia en su tercer Mundial como local.

«Tenemos que jugar con la altitud de nuestro estadio, con el apoyo de la gente y el clima. Puede ser algo a nuestro favor», ha destacado Diulio Davino, director deportivo de México.

 Colombia sabe lo que es la altura

Pese a que Bogotá (2.640 msnm) es más alta que Ciudad de México, la casa de la selección de Colombia es la tropical Barranquilla.

Los cafeteros enfrentarán el reto de debutar en el Azteca para luego bajar a los 1.500 metros sobre el nivel del mar de Guadalajara, donde tendrán su campamento, y cerrar la primera fase en el calor húmedo de Miami.

El seleccionador de Colombia, el argentino Néstor Lorenzo, reconoció la desventaja.

«Nos toca jugar en tres alturas diferentes (…) tenemos la experiencia de haberlo hecho en otras ocasiones, lo vamos a manejar con todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance, la hidratación, la preparación, la parte de oxigenación con aparatos», aseguró.

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