Dio un sorbo a la taza de café y soltó la primera frase emotiva: «¡Uffff, qué camisa!», expresó Horacio Lugo. «La Pulga» vistió hace 24 años la casaca blanca del Alianza y ayer, en visita a «Diario El Salvador», hizo un viaje a su glorioso pasado de blanco y no dejó de suspirar cuando vio la elástica con la A en el pecho. El exdelantero argentino no hizo una larga carrera con los paquidermos, pero dejó grandes destellos de buen fútbol y grandes recuerdos.
Has retornado al país 24 años más tarde. ¿Cuáles han sido tus primeras sensaciones en tu regreso a tierras salvadoreñas?
Y que encontré otro país cambiado para mejor. Muy lindo. Obviamente, siempre la misma gente, gente cálida. Dejé compañeros que son entrañables para mí, porque conformamos un grupo magnífico, un equipo que logró en un año dos títulos, uno internacional y uno nacional y obviamente que la comunicación sigue activa con la mayoría de ellos.
¿Cómo era aquel El Salvador en el 2000 y que te ha sorprendido 24 años después?
Hay una mayor comunicación, edificios, construcciones, empresas extranjeras. Las calles. Es un país que ha cambiado para bien, y la verdad que me hace muy feliz ver a un país al que quiero tan modernizado, pero con la belleza natural mantenida.
¿Qué te hizo tardar tanto tiempo para volver a un país con una hinchada que te aprecia?
Lo que pasa es que la gente se queda con la etapa de Horacio Lugo como jugador y hoy tengo otra faceta que es la de entrenador. Ya hace más de 20 años que yo trabajo con divisiones infantiles y juveniles. Soy entrenador profesional y eso te lleva tiempo, y muchas veces para poder viajar necesitas dejar obligaciones de trabajo.
¿Estás pendiente a la distancia del fútbol salvadoreño?
Sí. Vos, cuando sos entrenador, tenés que estar al día y más en los países donde jugué. Sin duda que sigo lo que pasa en selecciones, lo que pasa en el Alianza que es el equipo que yo quiero. Y si querés estar en esa faceta de entrenador tenés que estar totalmente actualizado.
En El Salvador los hinchas viven extrañando a los buenos extranjeros que llegaban en décadas pasadas, ¿Crees que es más fácil para un extranjero jugar hoy en el fútbol salvadoreño?
Son etapas, son décadas. Es como el librito del entrenador. Cada uno tiene un libro distinto y no quiere decir que uno es mejor que otro, nada más son distintos. Uno espera otra cosa del fútbol salvadoreño. No podemos esperar ganar una lotería si no compro un boleto. El Salvador tiene muy buenos jugadores, porque los jugadores son de muy buen pie, pero hay que trabajar en las bases, hay que trabajar en el desarrollo. Vos, cuando hacés tu casa no comenzás por el techo, sino por los cimientos. Es importante tener una buena base, hay que recorrer el país
Con vos el Alianza ganó el título de Grandes de Centroamérica en 1997, pero hoy los equipos salvadoreños apenas salen de las fronteras y ya no ganan. ¿Qué crees que pasa? ¿Dónde está la raíz del problema?
Yo creo que el extranjero que viene tiene que dejar algo. No digo que salga campeón, pero tiene que dejar algo, tiene que ser diferente al jugador nacional.
A tu juicio, ¿qué se debe hacer para mejorar nuestro fútbol?
Número uno: formar, desarrollar y eso conlleva inversión, porque vos, para formar, necesitás mucha infraestructura. En Argentina cada equipo cuenta con su complejo de inferiores. Es mucha inversión la que se necesita, pero no está lejos. Ese es el camino para tener un futuro promisorio.
¿Has visto jugar a la selección? El hincha de la Azul está decepcionado.
Sí la he visto y es entendible lo de la gente, porque una selección que no gane en 20 y tantos partidos te lleva a no confiar, a no tener esperanza. Y yo creo que la esperanza es esa, es formar. Quizá también un técnico viene con un sistema que le gusta y a veces vos tenés que adaptarte a lo que tenés. Yo creo que por ahí también se necesita un mayor conocimiento de lo que es el medio futbolístico para ver donde estás parado.
¿El trabajo del Alianza, en particular, cómo lo has visto desde tu marcha?
A nosotros nos tocó una etapa muy dura en la parte económica y eso cambió muchísimo. Hizo que Alianza pudiera nutrirse de los mejores jugadores nacionales y eso te da un plus para el torneo local donde si vos te protegés con jugadores extranjeros que sean de buen nivel creo que tenes un mayor porcentaje de poder lograr el título nacional, pero en lo que por ahí estamos fallando es a nivel internacional que es lo que uno busca y lo que te da la jerarquía de decir este es un gran equipo, porque no solo juega bien el torneo local y obtienen títulos sino que da pelea a nivel internacional.
¿Cuáles son los mejores recuerdos que tenés vestido del blanco de Alianza?
Hay dos partidos que marcaron esa etapa. El de Campeón de Centroamérica contra Saprissa faltando siete minutos y la semifinal del Alianza contra el equipo que tenía la mayoría de los jugadores en la selección (Águila) y ganamos 2-0 con dos goles míos.
Sin duda grandes recuerdos. ¿Contame cómo se da tu llega esta vez a El Salvador?
Yo tenía un partido como invitado que es «A la Cancha por una Sonrisa» que hacía la Fundación Pupi. A mí me invitaron para jugar en el equipo nacional. Iba a jugar al lado del Mágico, algo que me encantaba y que automáticamente dije: sí, voy, cuando me invitaron, pero bueno al suspenderse y yo tener esos días libres, por mi cuenta dije viajo. Dije si no es hoy no voy más.
Justo recién te vi en una foto de antaño con Jorge el «Mágico» González.
S,í bueno, al Mágico en Argentina la gente lo adora a través de lo que dijo Diego Maradona de él. Yo tengo una anécdota con el Mágico de la revista Don Balón chilena. Yo jugaba en Palestino y estaba leyendo esa revista y vi la historia del Mágico, y dije: Waoo. Y cuando un empresario mexicano me dijo de venir, yo iba ir a la filial de Monterrey y no había cupo de extranjero, me acordé del Mágico y dije sí quiero ir, quiero conocerlo. Era mi sueño verlo jugar, disfrutarlo, y lo primero que hice fue pedirle una foto cuando jugamos (en contra). Más allá de la rivalidad de los colores, que es una rivalidad deportiva, Mágico es un jugador que dejó mucho, que transmitió mucho y que lo tendrían que adorar un poquito más.
¿No queda arrepentimiento alguno de haber jugado en El Salvador?
No, no, por el contrario. Yo soy un tipo muy agradecido del fútbol, de las oportunidades. El fútbol me dio muchos amigos y una vida linda. Soy conocido a través de la pelota y El Salvador es mi segunda casa. La gente de Alianza me hace un homenaje todos los días, porque todos los días me envían mensajes y son mensajes diferentes todos los días porque son de chicos que no me vieron jugar. Ese es el homenaje y no quiero otro. Lo único que necesito es que la gente me escriba y me recuerde nada más. Ese es el mayor homenaje que puedo pedir.






