Donde sea que vaya, la selección nacional mayor de El Salvador nunca está sola. En San Pedro Sula, para el choque contra Honduras, un grupo de salvadoreños se repartió por diferentes sectores de la tribuna para tirar todos hacia el mismo lado.

Geovani Varela, salvadoreño radicado en territorio catracho desde hace 15 años, de madre cuscatleca y con su camisa blanca de la Selecta, fue el primero en asomar al Olímpico junto a su pareja hondureña, Daylin Ávila, con la ilusión de ver ganar a la Azul.

Desde muy temprano la afici´ón nacional se hizo presente al estadio Metropolitano de San Pedro Sula.

Es de los aficionados que antes de llegar al partido compró una calculadora, en la misma tienda donde lo hizo Hugo Pérez.

Ilopango también estuvo representado en San Pedro Sula. Luis Pineda y Roxana Castro demostraron que en sus venas correa azul y blanco, ya que partieron desde su municipio a las 3:00 de la madrugada del domingo para estar a tiempo en la ciudad hondureña, ya que el viaje toma entre cinco y siete horas.

Enrico Dueñas tuvo tiempo para posar con una aficionada salvadoreña que hizo el viaje hasta San Pedro Sula.

El aliento de todos estos hinchas se empezó a sentir desde que la selección saltó al engramillado del Metropolitano y cuando por el altavoz se anunció el equipo titular que representaría al país en la décima fecha del octogonal de Concacaf.

Esta pareja de aficionados de la Selección Nacional, fue testigo de este histórico triunfo en suelo hondureño.

Rubidia Escobar, cónsul de El Salvador en Honduras llegó junto a otros tres salvadoreños. La diplomática le apostó a una victoria salvadoreña con marcador de 2-0, en un suelo que para la Azul siempre ha sido esquivo en cuanto a resultados y anotaciones. 

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