El Salvador avanza hacia un cambio estructural en su modelo económico, donde la energía deja de ser únicamente un insumo para convertirse en un producto exportable. Así lo aseguró Daniel Álvarez, presidente de Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL) y titular de la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas (DGEHM), quien destacó que el país tiene el potencial de posicionarse como un proveedor global de energía limpia y servicios de computación para inteligencia artificial.
«Un país pequeño como El Salvador puede transformarse de importador neto a exportador de energía limpia, computación de inteligencia artificial y productos industriales de valor agregado», afirmó el funcionario en su participación en la SovAI Summit, al detallar la visión impulsada por el Gobierno.
Según explicó, este cambio se sustenta en el fortalecimiento de la soberanía energética, una capacidad que, durante décadas, no fue plenamente desarrollada, pero que en los últimos años ha cobrado relevancia con nuevas inversiones y planificación estratégica. En ese contexto, el país apuesta por diversificar su matriz energética, que actualmente incluye generación hidroeléctrica, geotérmica, solar y térmica.
Uno de los pilares de esta transformación es la incorporación de inteligencia artificial en la gestión energética. Desde la CEL, se desarrolla un sistema avanzado de pronóstico hidrológico con el apoyo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que permitirá anticipar con mayor precisión la disponibilidad de agua para la generación eléctrica.
Este sistema integra datos meteorológicos, hidrológicos y espaciales para generar modelos predictivos capaces de estimar caudales con hasta siete días de anticipación. «Esto permite optimizar la operación de las centrales y automatizar toda la cadena, desde la ingesta de datos hasta la distribución», explicó Álvarez.
El funcionario subrayó que este tipo de herramientas no solo mejora la eficiencia del sistema energético, sino que también sienta las bases para el desarrollo de infraestructura de cómputo para inteligencia artificial, un sector que demanda grandes cantidades de energía confiable.
En paralelo, el país avanza en la construcción de un marco regulatorio integral a través de la DGEHM, que abarca desde la generación hasta la distribución eléctrica, alineando la demanda de los hogares, la industria y los nuevos desarrollos tecnológicos.
Un solo objetivo energético
A esta estrategia se suma el impulso de un programa nuclear a largo plazo, orientado a garantizar energía base confiable y a gran escala. «Si queremos ser un actor relevante en la computación de inteligencia artificial a nivel global, necesitamos energía limpia, masiva y constante, y esa es una de las ventajas de la energía nuclear», señaló.
El desarrollo de este programa cuenta con cooperación internacional, especialmente de Estados Unidos, y busca alcanzar capacidades de generación a escala de gigavatios. Esto permitiría no solo abastecer centros de datos de clase mundial, sino también impulsar la producción de bienes industriales verdes, como el amoníaco, destinado a la exportación.
Álvarez enfatizó que este modelo no es teórico, sino que ya se encuentra en ejecución. «La CEL ya está implementando inteligencia artificial, la Dirección de Energía está construyendo el marco regulatorio y el programa nuclear avanza con socios internacionales», afirmó.
Además, destacó un concepto clave dentro de esta transformación: la posibilidad de convertir la energía en un activo exportable mediante su uso en computación. «Cada megavatio adicional puede convertirse en un token de inteligencia artificial que se vende al mundo», indicó.
Este enfoque implica que la energía generada en el país no solo se consumirá localmente, sino que se transformará en capacidad de cómputo, conectada a centros de datos, y posteriormente en servicios digitales exportables.
«Un megavatio siempre será un megavatio, pero ahora puede convertirse en un producto exportable», concluyó Álvarez, al señalar que esta estrategia redefine el papel de El Salvador en la economía global y abre nuevas oportunidades de crecimiento basadas en energía, tecnología e innovación.






