Martín Cruz ha apostado fuerte por El Salvador. Tras vivir más de tres décadas en Estados Unidos, donde construyó una carrera como empresario en el sector de servicios y logística, ha decidido volver a su país natal para invertir $1.5 millones en Craft Ice & Spirits, una empresa que produce hielo especializado para coctelería, con planes de expandirse pronto hacia la distribución de licores de alta gama.
Su proyecto es ambicioso: producir hielo cristalino de calidad premium para bares, restaurantes y hoteles, abrir sus propios espacios de consumo, y traer al país marcas exclusivas como Tequila Mala Vida. «El objetivo es elevar la experiencia de la mixología en El Salvador, que la gente disfrute de un servicio de clase mundial sin tener que salir del país», afirma Cruz.
La planta ya está en operación y ha generado 22 empleos directos. Su producción se centra en hielo diseñado específicamente para la coctelería: cubos y esferas cristalinas que conservan mejor la temperatura, no alteran el sabor y ofrecen una presentación impecable.

«El hielo no es solo un accesorio. Es parte fundamental de la bebida. Cambia la percepción del trago, mejora la experiencia del cliente y, en muchos casos, también eleva el prestigio del lugar», explica Cruz, quien ya tiene planes para abrir sus propios bares y lounges donde el hielo se convierta en protagonista junto con una curaduría de bebidas premium.
Como parte de su visión integral, Cruz ha logrado introducir en El Salvador la marca Tequila Mala Vida, una bebida de alta gama reconocida internacionalmente. Este es el primer paso de un portafolio más amplio de licores selectos que planea distribuir y vender en sus propios establecimientos en los próximos meses.
«Queremos ofrecer al consumidor salvadoreño una experiencia completa: desde el hielo hasta la bebida, todo pensado al detalle. Hay un mercado que está creciendo, gente que quiere calidad, y creemos que este es el momento para ofrecerla», señala.

Una historia marcada por la migración y la resiliencia
Detrás de esta inversión hay una historia profundamente salvadoreña. Martín era apenas un bebé cuando sus padres decidieron dejar el país a mediados de los años ochenta, huyendo de la violencia de la guerra civil, y se establecieron en Estados Unidos.
Cuando tenía 11 años, sus padres lograron gestionar su residencia y se reunió con ellos en la nación norteamericana. Ahí comenzó a estudiar y trabajar en una empresa de jardinería de un familiar. «Comencé desde abajo, ayudando en lo que podía. Aprendí el valor del trabajo duro desde joven», recuerda.

Ya en su adultez, Martín incursionó primero en el negocio de automóviles, luego en distribución de productos, y más tarde fundó una empresa de logística con operaciones en varias regiones del país norteamericano. El éxito empresarial le permitió construir una vida cómoda, pero el deseo de regresar a su tierra siempre estuvo presente.
«Siempre quise volver, pero por mucho tiempo sentí que era imposible. La inseguridad lo hacía impensable. Tener un negocio en El Salvador era, en muchos casos, un riesgo más que una oportunidad», admite.
El punto de inflexión llegó con los cambios en materia de seguridad implementados en los últimos años. Cruz dice que fue tras varias visitas al país en 2023 y 2024 que notó el cambio. «Las calles estaban tranquilas, la gente salía en familia, los negocios funcionaban sin miedo. Fue entonces que dije: este es el momento».
Destaca que el actual entorno es favorable no solo para invertir, sino también para innovar. «Ahora uno puede pensar en abrir un bar, un restaurante o un lounge sin temer que la violencia ahuyente a los clientes. Eso abre una ventana enorme de oportunidades para quienes queremos aportar», afirma.

Para Cruz, su regreso no es solo un movimiento empresarial. Es también una forma de devolver algo al país que lo vio nacer. «Cuando vivís fuera, aprendés a valorar tus raíces. Ahora ver cómo El Salvador está cambiando me llena de esperanza. Por eso quiero ser parte de ese cambio», dice con convicción.
Además, espera que su historia sirva como ejemplo para otros salvadoreños en el exterior. «Hay muchos que tienen el capital, el conocimiento y las ganas, pero no saben si vale la pena. Hoy yo les diría que sí, que este es el momento», enfatiza.
Con visión estratégica, pasión por la excelencia y un fuerte compromiso con su tierra, Martín Cruz encarna una nueva generación de empresarios que están apostando por El Salvador. Afirma que este es el primero de varios proyectos que prevé desarrollar, entre ellos uno que ayudará a emplear a cientos de personas cada año con y sin títulos académicos.






