El príncipe Enrique, hijo menor de Carlos III, es un hombre en pie de guerra que sueña sin embargo con la reconciliación. Pero la inminente publicación de sus memorias, tras otras críticas a la familia real británica, amenaza con dinamitar sus esperanzas.

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El duque de Sussex, de 38 años, quiere que el mundo conozca la «verdad» sobre su infancia, marcada para siempre por la muerte de su madre, la princesa Diana, su aversión a la prensa sensacionalista británica, y sus discusiones con su hermano Guillermo.

En una serie documental de seis horas estrenada en diciembre en Netflix y en dos entrevistas promocionales de su libro «Spare» («En la sombra», es español), que sale a la venta en 16 idiomas el 10 de enero, acusó de mentir a su padre, el rey Carlos III, y de «traición» a la familia real por no haberles protegido a él y a su esposa Meghan, una estadounidense mestiza con quien se casó en mayo de 2018.

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También denunció una guerra entre los distintos servicios de prensa de diferentes miembros de la monarquía, que según él no dudan en difundir informaciones falsas contra unos para proteger a otros.

El Palacio de Buckingham no reaccionó a estas acusaciones, que pisotea la consigna real de «nunca quejarse, nunca justificarse». 

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La prensa sensacionalista británica reaccionó sin piedad y el 59% de los británicos tiene ahora una opinión negativa de Enrique.

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Años difíciles

Durante mucho tiempo, la opinión pública británica se lo había perdonado todo a este rebelde príncipe pelirrojo nacido el 15 de septiembre de 1984, dos años después que su hermano, destinado a convertirse un día en rey. Enrique Carlos Alberto David era entonces el tercero en el orden de sucesión al trono. Ahora es quinto, detrás de los hijos de su hermano.

En 1997, la imagen del príncipe de 12 años caminando con la cabeza gacha tras el ataúd de su madre dio la vuelta al mundo.

Siguieron años difíciles: a los 17 años fumaba marihuana, bebía y salía de fiesta. En 2004, se peleó con un fotógrafo a la salida de un club nocturno. Al año siguiente protagonizó un escándalo por disfrazarse de nazi en una fiesta.

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Tras obtener el bachillerato en el prestigioso Eton College, al parecer con un poco de ayuda, este aficionado al rugby y al polo de 1,86 m se fue de año sabático a Australia y África, cuidando huérfanos en Lesoto, donde creó una oenegé en memoria de su madre.

En 2005 ingresó en la prestigiosa Real Academia Militar de Sandhurst.

Su carrera militar duró 10 años, marcados por dos misiones en Afganistán, en 2007-2008 durante 10 semanas, y luego como piloto de helicóptero de septiembre de 2012 a enero de 2013. Dimitió en 2015.

Mientras tanto, creó una competición internacional para soldados heridos, los Invictus Games.

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