La música la lleva en las venas desde su infancia. José Roberto Martínez, el multipremiado compositor salvadoreño que le impregna romanticismo a la música regional mexicana, nació en la ciudad de Santa Ana. A los 13 años comenzó a tocar la guitarra y los primeros acordes se los enseñó su papá, Mario A. Martínez.

«Yo me acuerdo de que empecé a sonar las notas de las cuerdas y me enamoré de eso, del sonido. Él [su padre] fue el que nos empezó en la música. Tengo tres hermanos más que también tocan», recordó el letrista, quien ahora vive en Esta dos Unidos.

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En su adolescencia, en la década de los ochenta, El Salvador vivía una guerra civil. Para ese entonces, José Roberto cursaba bachillerato en artes con especialidad en música en el Centro Nacional de Artes (CENAR) y a su vez tocaba ocasional mente para orquestas y agrupaciones locales, como la Casino y la Jiboa. Con estas realizó giras por Estados Unidos y Canadá. En una de esas giras decidió quedarse en Nueva York, en septiembre de 1986, a pocos días de su graduación de bachiller.

«En ese tiempo había muchos problemas ya con la guerrilla. Yo en varias ocasiones había tenido problemas con que me querían reclutar de parte de los dos bandos», recordó el compositor de agrupaciones como La Mafia, Grupo Sólido e Intocable, entre otros.

Su padre fue un multiinstrumentalista. Era músico en cruceros que zarpaban de Estados Unidos y también formó parte de algunas agrupaciones salvadoreñas; tocaba piano, instrumentos de percusión y marimba. «Él era un músico autodidacta», rememoró el compositor.

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A los 16 años, Martínez se vio solo en una ciudad desconocida. «Ahí, como pude, me comuniqué con unas personas que había conocido en uno de los eventos donde había tocado», expuso e indicó que su estancia en la Gran Manzana fue breve, pues la pareja que lo acogió le ayudó a irse a Maryland.

Martínez realizó diferentes trabajos, pero nunca abandonó el mundo musical, ya que siempre era buscado para tocar su guitarra con diferentes agrupaciones. «Recuerdo que siempre traía un cuadernito. Escribía las canciones, pero no las enseñaba. Conseguí una guitarra acústica y me ponía a escribir cuando me sen tía triste y solo», afirmó el santaneco.

Con el tiempo, se mudó a Houston. Ahí tocó para el Grupo Luna. La banda grabó sus canciones y le presentaron el disco a Freddie Records en Corpus Chris ti, Texas. Cuando la disquera escuchó el material consultaron sobre quién había escrito las canciones, «y pues era yo… me ofrecieron trabajo ahí», algo que el salvadoreño califica como «un milagro», pues comenzaría a trabajar en lo que había soñado desde pequeño: escribir, grabar y producir.

«Ahí empecé a grabar a un montón de grupos, los cuales ahorita son famosos, pero todo comenzó por Luna», recalcó el compositor.

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EL DESPEGUE

«Hubo un señor que falleció hace algunos años. Su nombre es Servando Cano, era uno de los promotores más grandes en México. Ellos y sus hijos anduvieron buscándome por 10 años», dijo. Su faceta de compositor musical dio un giro gracias a la familia Cano, pues ellos le explicaron cómo funciona formalmente el negocio de las regalías y el registro de propiedad intelectual de las canciones.

Desde entonces, José Roberto es compositor exclusivo para Editora Musical SERCA, cuyas oficinas centrales se encuentran en Monterrey, Nuevo León, México.

El salvadoreño cuenta en su haber con más de 100 canciones de su autoría registradas. Algunas son experiencias propias, otras surgen de la creatividad o de situaciones específicas o experiencias de conocidos, explicó. Asimismo, está afiliado a Broadcast Music Inc. (BMI) que se encarga de cobrar las regalías para compositores por ejecución pública (cuando la canción suena en radio, televisión, locales comerciales o conciertos en vivo). Con BMI ha sido galardonado con cinco Premios Latinos BMI, ya que la organización anualmente reconoce a las mejo res canciones en este caso para el habla hispana.

Entre algunas de las canciones de su autoría que han alcanzado el éxito se encuentran «Quémame los ojos», de Ramón Ayala, que estuvo en el #19 Hot Latin Songs de Billboard en 2000, así como un premio BMI; «Hasta la cima del cielo», interpretada por Grupo Sólido, que ganó un Grammy por mejor álbum texano en 2002; y «Nunca supe amarte», interpretada por Intocable y nominada a canción norteña del año regional mexicano en Premios Lo Nuestro 2022.

«Siempre he sentido que yo soy un compositor de inspiración más que un escritor. Hay cosas que fluyen del corazón que pueden ser muy sencillas. Pien so que lo que se queda siempre es lo que nace del corazón. Y eso pues yo se lo acredito más a Dios», subrayó el músico.

A los connacionales que se encuentran en el extranjero les aconseja que es clave la perseverancia, el creer en uno mismo, «ser firmes en el sueño que uno tiene» y confiar en Dios.

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