Steven Spielberg es uno de los directores contemporáneos más emblemáticos. Su nombre fue sinónimo del éxito dentro de la industria cinematográfica durante las últimas cuatro décadas y continúa fraguando —alejado de la presión de la aceptación de la taquilla— como el Rey Midas de Hollywood, dando paso sus filmes a franquicias que hoy por hoy continúan siendo emblemáticas. 

Con «Los Fabelman», Spielberg hace un intrépido retrato sobre el origen mítico de la leyenda que él mismo constituye dentro de la industria del cine. Sin duda, esta película es un lujo que Spielberg se autorregala y que muy pocos cineastas se lo pueden permitir.

Spielberg se camufla en la piel de Sammy Fabelman, un chico apasionado por el cine, a quien todos apoyan y admiran por su valerosa forma de ver el mundo a través del cine, no solo viéndolo, sino creando historias que maravillan a sus contemporáneos y que son grabadas, editas y exhibidas por él. Si bien no lo dice abiertamente: «Este soy yo y esta es mi historia», es fácilmente identificable que se trata de su misión y visión, retratando su niñez y su adolescencia adherida a su pasión por el cine.

Cada fotograma ejemplifica la nostalgia que evoca una oda al género de «coming of age», o aquellas cintas en las que sus protagonistas crecen y logran llegar a su madurez. Aquí vemos cómo Sammy busca su lugar en el mundo, luchando por lo que ama y ambiciona, lo cual es alimentado con la creatividad emergente propia de los artistas, pero que se verá cuestionada con la llegada de la adolescencia, cuando los caminos se bifurcan y no todo es tan fácil como imaginamos.

Los Fabelman trasciende no solo por el tratamiento visual que posee al mostrarnos las décadas de los 50 y 60 de los Estados Unidos, en aquella atmósfera utópica considerada como el apogeo del «sueño americano», sino también por conectar intrínsecamente con cada factor nostálgico que involucra sentir la magia del cine, incluso, por lo deslumbrante que puede resultar para un niño que canaliza todas las emociones y realiza su catarsis a partir de lo que ve e imita.

No hay que descartar que el filme peca del romanticismo más puro que, probablemente, dista de la realidad propia de la que se basa para construirlo y lo baña con cierta poética que incluso podría ser hasta surrealista, como si se tratara de un recuerdo emotivo que nos podría representar ver hacia lo que nuestra niñez y adolescencia fue, como si nos sentáramos a repasar recuerdos de situaciones al azar que nos evocan a maravillarnos nuevamente por cada uno de los hechos que forman nuestra historia. Lo bello está en la narrativa y sinergia que tiene, tal cual un artista plasma con entrañable delicadeza la idealización de las relaciones y los anhelos.

A pesar de ese trasfondo, Spielberg también hace una carta de amor al cine, conectando aquellos primeros pasos en que, apoyado por las personas que le quieren, van dando paso a reforzar su ideal. Si bien, no profundiza en cada uno de estos parámetros que encierran la pasión del director por el género de la ciencia ficción o de la fantasía y las aventuras, lo característico de él está presente, construyendo personajes entrañables que luchan por sus ideales.

Otro de los factores que juega excelsamente dentro de esta película son las actuaciones de Michelle Williams y Paul Dano, quienes encarnan a los padres de Sammy, por lo que convierten al filme también en una memoria a los padres del director, especialmente ante la difícil situación que vivieron al separarse, cuando este descubre a través de sus grabaciones que su madre le es infiel a su padre con un amigo cercano de la familia.

Asimismo, juega muy bien la inseparable dupla que hace con el compositor musical John Williams en la cinta, que nos van adentrando en esa atmósfera familiar y meditativa de la vida. Quizás, después de todo, a pesar de haber obtenido siete nominaciones en la última gala de los Oscar y no lograr ninguno, el mérito que se lleva es de devolvernos lo reflexivo que significa creer en lo que nos marca como humanos en nuestra búsqueda de la esencia de nuestra vocación y la consecución de nuestros sueños.

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