Tiene el aspecto de alguien a quien calificaríamos como «un buen tipo» porque, en verdad, lo es. Guitarra en mano, no duda en asegurar que tiene 50 años de edad y que, aunque ya no navega en las aguas de la adolescencia y la primera juventud, jamás dudó en lanzarse a una aventura más en su vida: iniciar una carrera como artista independiente.
Sergio García, mejor conocido como «Don Seryi», es un salvadoreño que, desde hace cinco años, comenzó este andar artístico con una meta clara: componer canciones que retraten lo positivo de El Salvador y de la vida misma, resaltando en temas como la amistad, el amor, la familia, las cosas buenas de la cotidianidad y la propia vida diaria de los salvadoreños.
Así es como, con la «positivitez» como bandera de su arte, Don Seryi ha logrado posicionar varias de sus canciones entre el público salvadoreño gracias a las redes sociales, siendo parte de este despertar musical que El Salvador vive desde hace aproximadamente dos años, el cual se escribe con las letras doradas de los artistas independientes.

Inicialmente, comentanos, ¿quién es «Don Seryi»?
Me gusta decir que soy un amigo de todos: de jóvenes, adultos, viejitos, niños, chuchos, gatos, pajaritos… lo que sea. Si me provoca empatía, puedo platicar con alguien, hablar de la vida y, sobre todo, me gusta mucho presumir nuestro país, nuestras cosas, tanto al extranjero como al que es de aquí.
¿Qué te motivó a iniciar tu carrera musical?
Siempre he hecho canciones desde que aprendí la música, allá por el 90. Me enseñaron en la Iglesia. Ahí aprendí un poco de todos los instrumentos. Pero, todo mundo escribía canciones para Dios, para la Iglesia, pero yo no encajaba ahí. Siempre escribía cosas graciosas, chistes, «bayuncadas», pero nada que ver con cosas relacionadas a la iglesia.
Sin embargo, durante mucho tiempo dejé ese talento guardado y, hace cinco años, se presentó una oportunidad para compartir con cantautores. Me presenté con bastante temor con una canción que se llama «Solo aquí sucede», que habla de cosas que pasan solo en El Salvador, y fue bien recibida. Desde entonces me reclutaron y compartimos bastante tiempo y en diversos escenarios y encuentros, siempre mostrando mis canciones.

Decís que iniciaste hace cinco años, pero que siempre estuvo presente esa «chispa» musical. ¿Ha sido difícil abrirte paso artísticamente a tu edad?
Bueno, hay algo que debo decir, primero que todo: tengo 50 años, empecé en esto a mis 45 años de edad. Cualquiera podría decir que por la edad ya no podría hacerlo. Pero, hubo un momento de mi vida en que mis hijos habían crecido y podía invertir tiempo para mí, así que comencé a escribir canciones nuevamente. He conocido de ejemplos de grandes artistas como Chespirito o Aniceto Porsisoca que no eran tan jóvenes cuando les llegó su momento de brillar. «Si ellos pueden, también yo», me dije, comenzando a escribir más y a componer más.
Hablanos un poco de tu trabajo como compositor. ¿Sobre qué tema te gusta componer?
Baso casi todo mi trabajo en cosas de El Salvador. Estoy trabajando en un disco que se llamará «Canciones sobre El Salvador». Me decidí a escribir y a crear música que hable sobre el país, como decimos los salvadoreños: «agarre llave» con eso. Pero, de repente, también comencé a escribir sobre el amor y la amistad. Se puede decir que escribo de lo cotidiano, de lo que leo, de lo que veo, de lo que escucho en la calle.
En estos meses ha sonado con mucha fuerza tu canción «Cómo vos y yo». ¿Cuál es la historia detrás de esa composición?
Esa es una de las canciones que más he disfrutado porque surgió de una forma bastante particular. Nació de un momento en que, alguien que estaba cerca de mí, estaba «cuentiándose» a una chera. Le decía cosas como: «Si vos me hacés caso, vamos a hacer juntos como la Coca-Cola y el hielo», «vamos a hacer como el curtido y las pupusas» o «como la tortilla y el queso». La idea me quedó grabada en la mente y el corazón y me puse a trabajarla. Me pareció interesante porque así somos los salvadoreños, disfrutamos de ese tipo de comidas que siempre tiene un buen complemento. Por ejemplo, yo soy feliz si salgo de trabajar y encuentro a una persona que vende empanadas y me la sirve bañada de azúcar. Son elementos inseparables.
El mensaje central es que hay relaciones en nuestras vidas que son inseparables. Yo no puedo ser el mismo sin ese grupo de personas como mis padres, mis hijos, mi familia, mis amigos, mis seres queridos… en mi caso ya se la dediqué a alguien, ¡Jajaja! Pero ese es el tema de la canción: no estamos solos en esta vida, siempre tenemos gente que nos complementa.

Suena a que siempre te gusta enfocar tus canciones en mensajes positivos o sobre la vida cotidiana…
Sí, no sé por qué. Quizás sea por mi formación cristiana. Desde pequeño siempre fui a la iglesia, aunque hoy no voy tanto, pero eso quedó en mí. Creo que estamos en este mundo para compartir lo bueno. Siempre hay cosas malas y, muchas veces, encienden el morbo en las conversaciones. Pero creo que pertenezco a un grupo de la sociedad que nos gusta hablar de lo bueno, a compartir lo bueno, a dejar un mensaje positivo en los corazones.
Sos parte de una especie de renacer de la música salvadoreña a través de los artistas independientes. Pero, ¿cómo ha sido tu experiencia como artista independiente en El Salvador?
Lo he disfrutado mucho. Al principio no estaba queriendo ser conocido. Quería solo compartir mis canciones con mi familia y mis amigos. Pero ese grupo de cantautores que, no lo vas a creer, pero somos como 100 personas y cada quien va con sus familias y amigos a cada presentación, nos unimos y nos motivamos y eso fue lo que me llevó a intentar darme a conocer.
No es tan fácil por diversas causas. Pero, aunque en El Salvador siempre hay una preferencia por los artistas extranjeros, y es entendible, tienen más recursos y eso hace que la calidad mejore, y está bien, no critico que a la gente le gusten los artistas de otros países, en estos últimos dos años ha existido un despertar por conocer artistas nacionales. Por eso, a pesar de las dificultades, creo que vale la pena seguir luchando, seguirlo intentando, porque cada vez más hay personas que se interesan por los artistas independientes en El Salvador.
Y en cuanto al proceso de producción para un artista independiente…
Ha sido toda una aventura. En mi caso, allá por el 2008 aprendí a hacer conexiones de audio para poder grabar mis composiciones en la computadora. Quería saber cómo sonaban mis ideas. Me tardé un mundo, pero al final lo logré, grabé como ocho canciones. Luego, ya en 2013, que conocí a los cantautores, me ayudaron un par de amigos a grabar un par de canciones, sin costo, porque eso sí existe entre compositores, la empatía y la capacidad de ayudarnos mutuamente.
Es clave también la unión entre aristas independientes para crecer…
Es algo fundamental. Sé que entre artistas más establecidos siempre se ha tenido la idea de que es difícil unirse. Pero, entre artistas independientes, he comprobado que existe una unidad pura. Puedo decirte que soy hijo legítimo musical de Carol Hills. Ella me ha guiado y ha compartido su experiencia conmigo. Los colectivos de artistas independientes tienen mucha hermandad. Siempre hay algún malentendido, pero al final se resuelve y se logra solventar. Sé que hay algunos problemas, pero, en lo personal, he tenido mucho apoyo de todos y me gusta apoyarlos.

¿Crees que ha nacido un nuevo interés en la gente por conocer más a los artistas independientes y consumir su música?
Creo que sí. Creo que después del encierro por la pandemia ha habido un despertar. Lo percibo al ver gente que ha invertido en la música en escenarios, en proyectos, en espacios para los artistas. Hay restaurantes que, ahora, buscan más a los artistas que presentan sus propias canciones como artistas independientes. Creo que hay un despertar y eso nos está sirviendo para mostrar el talento que existe en El Salvador.
En todo este proceso de tu carrera artística, ¿cómo ha sido la reacción de tu familia?
Ha sido muy importante. Mi familia está al 100 % conmigo. Si tengo presentaciones llegan a verme, aunque a veces también se les hace difícil. Incluso, en el trabajo, he contado con el apoyo para seguir adelante con mis presentaciones y grabaciones. Mi jefa me daba la oportunidad de salir temprano cuando veía que tenía presentaciones. Desde que me han visto entregado totalmente a esta carrera, mi familia, en mi trabajo y todos mis seres queridos me han apoyado.

Desde tu experiencia, ¿qué le dirías a los salvadoreños que, siendo ya adultos y habiendo dejado atrás la adolescencia y la primera juventud, tienen talentos y sueños que anhelan cumplir, pero el miedo se los impide?
Son muchos, creeme, conozco muchas personas que son tremendamente talentosas, pero creen que ya se les fue la edad para hacer muchas cosas. Yo lo que les diría, lo que les digo, es que se descubran a ellos mismos. A veces pensamos que alguien de 40 años ya sabe quién es, pero uno siempre puede descubrir talentos que no conocía que tenía. Eso sirve para conectar con muchas personas. En mi caso, con la música, empezando mi carrera a los 45 años, pude conectar con muchas personas de alma pura y que me motivan a crecer, además de que he tenido que aprender un poco de muchas cosas para mi propia carrera artística.
Pero todo está en intentarlo, en animarse, en perder el miedo. Si alguien tiene un toque artístico en su interior, hay que darle, hay que ser feliz con lo que uno disfruta y no perder la oportunidad de cumplir nuestros sueños, aun así tengamos 70 u 80 años.








