El talento salvadoreño sigue dando de qué hablar, y esta vez desde la alfombra roja de los premios más importantes del cine. Rigoberto Amaya, conocido popularmente como «Tío Rigo» e integrante de los tiktokers Llanteros 503, vivió una experiencia inolvidable al asistir a los premios Oscar, donde el cortometraje en el que participó, «The Singers», se llevó la estatuilla a Mejor Cortometraje de Acción Real.

Detrás de este logro hay una historia tan inesperada como inspiradora: todo comenzó con un video grabado de manera casual. Según relató Marlon, también miembro de Llanteros 503, la oportunidad surgió tras publicar un clip en el que Tío Rigo bailaba al ritmo de «Last Train to London», dijo en una entrevista previa que brindaron a Diario El Salvador.

«Fue algo bien bonito porque ellos se comunicaron con nosotros a través de un baile que yo le grabé al Tío Rigo», contó Marlon en una reciente entrevista que brindó a Diario El Salvador.

El video mostraba al Tío Rigo saliendo de un contenedor mientras bailaba, seguido de una segunda escena en la que aparecía golpeando una enorme llanta. La mezcla de carisma, autenticidad y humor hizo que el video se volviera viral en TikTok.

Ese alcance inesperado llamó la atención de uno de los productores del cortometraje, quien pidió entrevistarse directamente con el protagonista del video. Lo que comenzó como contenido espontáneo en redes sociales se convirtió en una puerta de entrada a Hollywood.

Por su parte, Tío Rigo recordó con emoción el momento de grabación. Sin experiencia previa en actuación formal, se enfrentó a un reto poco común: interpretar una escena con música distinta a la que había bailado originalmente: piano.

«¡Oh! ¿cómo? ¿música de piano?», cuestionó. Sin embargo, tras escucharla una sola vez, aseguró que podía bailarla. La indicación que recibió fue clara: debía proyectar una actitud desafiante, una mirada retadora.

El resultado fue inmediato.

«Sonó la música. Me levanté, los vi a todos con una mirada así, retadora, con malicia, como de la calle, como yo soy de barrio (…) y empecé a bailar como gánster, pero mirando hacia ellos, ya luego él se movió en su carrito y me puse a bailar de frente a la cámara», dijo mientras reía tras contar la anécdota.

Su interpretación fue tan convincente que, según cuenta, el director, Sam Davis, reaccionó de forma efusiva: «Tiró los audífonos y dijo: ‘fantástico, perfecto’».

El aplauso que recibió en ese momento quedó marcado para siempre en su memoria. «Todos me aplaudieron. Ese aplauso es el que más llevo en el alma yo», expresó.

Esa autenticidad terminó proyectándose en la gran pantalla y siendo parte de una producción galardonada con un Oscar, demostrando que el talento puede surgir en cualquier lugar… incluso en el lugar más inesperado.

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