Una aventura que entrelaza la historia, la cultura y la exuberante naturaleza de la zona me llevó por un circuito inolvidable. El viaje comenzó con un nostálgico eco del pasado, sumergiéndonos en la era dorada del transporte en El Salvador.
El punto de partida fue el Museo del Ferrocarril. Recorrer sus vagones y locomotoras es realizar un viaje en el tiempo, reviviendo la importancia de este medio que, por décadas, fue el pulso económico y social del país. Las exhibiciones ofrecen una ventana a una época de progreso y conectividad, un excelente inicio para cualquier ruta cultural.
La entrada al museo no posee ningún costo y está abierto de lunes a jueves de 9 a.m. a 4 p.m. y de viernes a domingo de 9 a.m. a 7 p.m. Si desea visitarlo en grupo pueden hacer la reserva a través del Facebook de Sonsonate impresionante, de la Secretaría de Cultura y Turismo o de la Alcaldía municipal de Sonsonate, o al WhatsApp 6999-8876.
Con el espíritu del pasado aún presente, me dirigí a la Finca Cuyancúa para una inmersión completa en la tradición del cacao. Esta finca llamada así por la leyenda de la Cuyancúa, mitad serpiente y mitad jabalí, es un verdadero centro de rescate cultural.
El recorrido comienza con una presentación donde se habla de los Mayas y el cacao, luego se va hasta los almácigos, donde se aprende sobre el injerto y el cuidado de la planta. Se camina entre la plantación, conociendo el sistema agroforestal que incluye árboles de canela y moringa. El punto culminante es el workshop donde, utilizando herramientas precolombinas como el metate y el molcajete, los visitantes aprenden a preparar la bebida de cacao tal como la consumían los ancestros. Es una experiencia sensorial que permite degustar el sabor auténtico del cacao.
Si también deseas vivir esta experiencia puedes seguirlos en redes sociales o escribirles al WhatsApp 7988-7138 y consultar cuándo tienen previsto el próximo tour.
Tras la caminata y la inmersión cultural, el cuerpo pedía un descanso. La respuesta fue el Parque Atecozol, un oasis natural reconocido por sus piscinas y zonas verdes. El chapuzón refrescante fue el alivio perfecto.
Atecozol no solo es reconocido por sus piscinas de aguas naturales, también está catalogado como un lugar ancestral, ya que posee diversos vestigios culturales y obras del del escultor nacional Valentín Estrada que hacen homenaje a personajes y leyendas como «La Cuyancúat», «Atonal, Cacique de Acajutla», «Tlaloc, dios de las lluvias», «la poza del padre», «un temazcal», entre otras.
El costo de entrada general cuesta $ 1.50, los niños menores de seis años y adultos mayores de 60 entran gratis. Atienden de lunes a domingo, 8:00 a.m. a 4:00 p.m.
Llegada la hora del almuerzo, mi elección fue el Restaurante Doña Laura, un pilar de la Asociación Ágape, que data de 1994. Este lugar, con capacidad para 150 personas, ofrece una cocina variada y adaptable a diversas celebraciones.
• Desayunos y almuerzos: El restaurante cuenta con un amplio menú para que elijas lo que tú deseas.
• Cenas: Desde familiares (lunes y miércoles) hasta cenas típicas (martes y jueves) donde ofrecen panes rellenos y una amplia variedad de pupusas. Los viernes ofrecen los típicos mexicanos y sábado tienen comida a la carta.
• Innovación: El restaurante está próximo a inaugurar un bar café dentro de sus instalaciones.
Abre de lunes a domingo de 6:45 a.m. a 9 de la noche, excepto el día domingo que cierran a las 3:00 p.m.
El complejo también ofrece hospedaje en el Hotel Ágape, con habitaciones sencillas ($38), dobles ($48) y suites familiares ($98), con check-in a las 3:00 p.m. y check-out a la 1:00 p.m. Puedes reservar llamando al 2429-8759.






La tarde nos llevó a la Finca La Sierra, otro rincón de paz y belleza natural, ideal para disfrutar de la tranquilidad de la zona, que se destaca no solo por la producción de cacao, sino también en el sector cafetalero con actividades de secado de variedades premium, además de la extracción del oro negro salvadoreño: el bálsamo.
Si deseas realizar uno de sus tours, puedes escribirles al WhatsApp 7748-8690 y reservar tu próxima fecha.
Para culminar esta jornada, la noche me llevó hasta La Casona de Los Vega, una joya arquitectónica del año 1860 que va mucho más allá del hospedaje.
Es una casa colonial que funciona como centro cultural, promoviendo el rescate histórico y cultural de Izalco. Alberga una exposición permanente de productos locales hechos por grupos de mujeres, incluyendo el rescate del ojushte, una semilla nativa de uso ancestral en la gastronomía.
Está abierto todos los días, y su tarifa es de $25 por persona, que incluye un desayuno a gusto del huésped.
En cuanto a las habitaciones, tienen seis disponibles (dos familiares para 5-6 personas, dos matrimoniales y dos dobles para 2 personas). En su gastronomía, ofrecen servicio de alimentación que incluye gastronomía ancestral y comida saludable con ingredientes orgánicos y originarios. Puedes contactarlos a través de Facebook o a los teléfonos es 6107-8750 y al 2453-5951.
Otra opción de hospedaje en la zona es el Hotel Las Palmeras, con habitaciones sencillas, dobles y triples con precios desde los $55.00. Para reservaciones puedes comunicarte al teléfono fijo 2486-5600, Whatsapp 7624-5657 o al correo [email protected].






