China puso en vigor esta semana las nuevas regulaciones para el contenido generado por Inteligencia Artificial (IA), un marco más laxo que el estricto plan inicial, con el que busca estar a la vanguardia del sector, manteniendo la censura en internet.

Los rápidos avances de la IA generativa han encendido alarmas en todo el mundo sobre el potencial que tiene esta tecnología para ser utilizada en campañas de desinformación y otros abusos, por ejemplo con la creación de contenidos calificados como «deepfake» que pueden mostrar a una persona gesticulando una declaración que nunca dijo. 

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Las empresas chinas se lanzaron a desarrollar servicios que imiten el diálogo humano desde que la empresa con sede en San Francisco OpenAI lanzó la interfaz generativa ChatGPT, que está prohibida en el país. 

Los expertos afirman que la nueva regulación, que se basa en 24 directrices, suaviza el borrador publicado este año, ya que Pekín busca alentar la creación de empresas locales en esta industria, dominada por Estados Unidos. 

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Estas son las claves sobre las regulaciones de Pekín, que están dirigidas a los servicios para el público en general: 

Una ética para la IA

La IA generativa «tiene que adherir a los valores fundamentales del socialismo» y evitar ser una amenaza para la seguridad nacional, y no puede promover el «terrorismo», la violencia o el «odio étnico», según las directivas. 

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Los proveedores de servicio tienen que advertir qué contenidos son generados por IA y tomar medidas para impedir discriminación de género, edad o raza al crear los algoritmos. 

Todos los programas de IA deben ser entrenados para obtener sus datos de fuentes sin infringir la propiedad intelectual de terceros y la gente debe dar su consentimiento para que su información sea utilizada para configurar esta tecnología. 

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