La estructura del bono, expuesta en el prospecto de SpaceX presentado el miércoles ante los reguladores estadounidenses, parece más el argumento de una novela de ciencia ficción que un acuerdo de compensación.

El bono de Musk depende de que el valor bursátil de SpaceX alcance objetivos que van desde 400.000 millones hasta 6 billones de dólares, y de que la empresa traslade a un millón de personas a un planeta situado a 225 millones de kilómetros de distancia.

Musk describe esa ambición como esencial para la supervivencia a largo plazo de la raza humana.

Aun así, a Musk no le irá nada mal si la oferta de venta adelante en las próximas semanas como está previsto.

Con la valoración objetivo de 1,75 billones de dólares que se ha reportado para la empresa, la participación actual de Musk tendría un valor estimado de 735.000 millones de dólares, antes de que una sola persona pise el Planeta Rojo.

Un segundo bono, más pequeño, vincula 60 millones de acciones adicionales a otro objetivo descomunal: construir centros de datos en órbita capaces de suministrar 100 teravatios de capacidad de cómputo al año, una cifra que supera con creces cualquier cosa existente hoy en la Tierra.

SpaceX introdujo el miércoles su largamente esperada presentación para una OPA -oferta pública de acciones-, con miras a cotizar en el mercado bursátil Nasdaq bajo el símbolo «SPCX», en lo que podría ser la mayor operación de este tipo en la historia de Wall Street.

El cohete Starship de la compañía -cuya última versión podría lanzarse el jueves- está diseñado con la colonización de Marte en mente.

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