Allan Francisco González Urquilla es estudiante de primer año de arquitectura de interiores en la Universidad Doctor José Matías Delgado y mantiene la devoción hacia Santiago Apóstol, patrono de Apastepeque, en San Vicente Norte.
Este joven de 18 años asegura que es devoto desde pequeño de Santiago Apóstol y eso se lo inculcó su abuelo Dagoberto López, ya fallecido. «Me enseñó el amor, devoción y respeto hacia nuestro patrón», señala.

González dice que su abuelo le contó que entre 1976 y 1981, en la época de la guerra, sus abuelos tomaron el trabajo de ser los mayordomos del patrono, ya que las personas elegidas en ese momento debían seguir con el trabajo de la mayordomía.

La mayordomía se refiere a la organización y administración de las festividades en honor de Santiago Apóstol. Específicamente, se refiere al grupo de personas encargadas de coordinar y llevar a cabo las celebraciones, incluyendo actividades religiosas, procesiones, eventos sociales y la logística general.

«Mi abuelo me contó que no cualquiera lo puede cambiar de vestimenta, no cualquiera puede confeccionar sus trajes. Se dice que para esa época muchas de las personas que migraban le pedían el milagro de poder pasar a Estados Unidos, por el sueño americano», comenta Allan.
Ahora forma parte de un grupo de jóvenes que eligió las diferentes mayordomías, lo cual le dio la oportunidad de ser uno de los designados para poder cambiarlo este año durante las festividades que se llevaron a cabo del 16 al 25 de julio.
El joven sostiene que todas esas enseñanzas que le dio su abuelo lo llevaron a fabricar su propia imagen del patrono, sin tener una vasta experiencia.

«Primero hice el esqueleto de cada imagen, posteriormente le fui dando forma a cada una de las piezas, apliqué capas de arcilla y por último el moldeado», cuenta.
Todo lo que observó desde pequeño le sirvió para su producción desde el más mínimo detalle hasta sus características físicas. San Alejo (el acompañante del patrono) está elaborado en dos piezas: el cuerpo y después el ensamble de la cabeza.
Allan comenta que la figura del caballo, por ser de mayor tamaño, le llevó tres semana de trabajo. «Lo envolví en plástico para cuidar la temperatura de manera que no se reventara y lo guardé en un lugar seco con poca humedad», dice.
Asegura que limpiando las imágenes y dándole retoques de pintura, estas pueden durar aproximadamente 100 años o más.

Luego de hacer las figuras se dedicó a confeccionarle trajes y por ahora tiene cinco hechos y tres a media costura.
«Busqué a un zapatero para sus botas, quien tuvo que mandar a hacer la horma», asegura.
Otra muestra de la devoción y respeto que este joven le tiene a Santiago Apóstol es que le dedicó el poema «Nardos y gladiolas», en el cual le agradece por los favores recibidos y le pide la bendición para Apastepeque.
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