La salvadoreña Ángela Pineda tiene 25 años y vivió una experiencia extraordinaria al participar en noviembre en un campamento de entrenamiento para estudiantes organizado por la NASA, una oportunidad que describe como «maravillosa y transformadora», comentó ayer en la entrevista Frente a Frente, de Telecorporación Salvadoreña (TCS).

Ángela detalló que durante 10 días superó desafíos físicos, intelectuales y técnicos que le permitieron demostrar que los límites no están en el cielo, sino en lo que uno se propone alcanzar.

Ella participó en actividades de simulación de gravedad reducida, paracaidismo en tubos de aire, entrenamientos de buceo en piscina de siete metros y misiones espaciales simuladas. Todo esto implicaba trabajar hasta 12 horas diarias, con jornadas que comenzaban a las 4 de la mañana y se extendían hasta las 7 de la noche, incluyendo investigación, robótica y desarrollo de proyectos individuales.

Además, Ángela y 64 compañeros de diversos países tuvieron la oportunidad de interactuar con expertos de la NASA, entre ellos el coronel astronauta Kevin Ford, quienes ofrecieron webinars y enlaces educativos para seguir acercando a los estudiantes al mundo espacial.

Esta guía le permitió a Ángela conceptualizar y presentar un proyecto innovador que combina robótica y tecnología espacial, con la meta de enviarlo a la Estación Espacial Internacional.

El innovador proyecto incorpora sensores múltiples, inteligencia artificial y hologramas, diseñados para facilitar la comunicación inmediata entre astronautas y la Tierra, evitando los retrasos naturales de transmisión de 22 minutos. Gracias a su esfuerzo, su proyecto obtuvo el segundo lugar, por lo que espera regresar al campamento.

«Todo nació de mi curiosidad desde pequeña por el espacio, documentales, películas de ciencia ficción y mi interés en robótica e ingeniería. No pensé que podría unir estas tres pasiones en un proyecto real», dijo.

Durante el campamento, los 65 estudiantes participantes formaron un grupo muy unido, compartiendo avances de sus proyectos y creando amistades. El logro de Ángela no pasó desapercibido, pues ha recibido felicitaciones y han destacado su disciplina, coeficiente intelectual privilegiado y capacidad de esfuerzo. «Es un orgullo nacional llegar a la NASA. Es un gran triunfo para el país», fue uno de los mensajes recibidos por los televidentes de la entrevista.

Además, se le ofrecieron oportunidades de continuar colaboran[1]do con la NASA a través de cursos y webinars, consolidando así un vínculo que seguirá desarrollando en los próximos años.

Ángela confiesa que la experiencia le enseñó que «no hay fronteras, no hay límites; los límites los ponemos nosotros».

Su historia inspira a jóvenes de todo el mundo a perseguir sus sueños, demostrando que, con disciplina, pasión y creatividad, es posible alcanzar metas que parecían inalcanzables.

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