Históricamente Santa Rosa de Lima, en La Unión Norte, ha sido conocida como una de las ciudades del país más pujantes en el comercio; pero los empresarios de esa localidad, en el oriente del país, coinciden en que esa categoría fue degradada aproximadamente desde 2009, debido a la inseguridad provocada por las pandillas, las cuales en el pasado ejercieron control total de los territorios.
Pero los empresarios pequeños y grandes, así como los comerciantes que venden por menor y al mayoreo en esta población, aseguran que la zozobra y la quiebra económica que les causaron las pandillas comenzó a cambiar desde hace un poco más de tres años, cuando el Gobierno del presidente Nayib Bukele puso en marcha una nueva política de seguridad que sacó de las calles a los terroristas.
«El empresariado local está satisfechos con el trabajo en el tema de seguridad, porque nosotros hemos visto el cambio realmente, podemos trabajar con libertad, movilizarnos y desarrollar nuestros negocios; ya no hay ese problema de inseguridad que teníamos antes», expresó Antonio Bonilla, un empresario que cuenta con una cadena de pastelerías, panadería y alimentos en la zona norte de La Unión y en San Miguel.
En el pasado, el control que mantenían las estructuras de la pandilla MS-13 en esta localidad no solo se percibía en las comunidades que fueron duramente afectadas por los terroristas, sino que su hegemonía también se extendía en toda la zona comercial.

Esta disputa, incluso entre las clicas de la misma pandilla, se daba por la extorsión a los empresarios y comerciantes, quienes llegaban a pagar periódicamente desde $5 el más pequeño hasta $1,000 o más en el caso de los empresarios más grandes del lugar.
«Vivimos con paz y tranquilidad mental porque nosotros llegamos a nuestros negocios, los abrimos, cerramos y estamos tranquilos de que no va estar aquella pandilla esperándonos a la salida o a la entrada para pedirnos la extorsión. Ahora estamos libres de eso y con paz mental», expresó Mario Espinal, propietario de agroservicios en Santa Rosa de Lima y en la zona oriental.
Y aunque los comerciantes dicen que todavía están lejos de recuperar el antiguo reconocimiento de ser la ciudad del comercio, aseguran que conforme pase el tiempo y se mantengan las condiciones de seguridad, la ciudad tendrá de nuevo esa categoría.
AUMENTO DE COMPRADORES
La mejor evidencia que los empresarios y comerciantes tienen para respaldar los cambios que han generado las nuevas condiciones de seguridad es que ahora hay más compradores visitando la ciudad, que es un punto central de comercio para los distritos del norte de La Unión y algunos de Morazán Sur.
«Las personas se abstenían de venir a comprar porque a veces los pandilleros les robaban las cadenas, las carteras o los teléfonos, y por ese temor preferían mejor comprar las cosas más caras, pero que les llegaran a los pueblos; pero ahora se nota que los compradores han recuperado esa confianza y ya salen con más seguridad», expresó Jóselin Gómez, quien junto con su madre se dedican a la venta y distribución de plástico desde hace más de 50 años.
Los lunes y los viernes son los días más fuertes de comercio en esta localidad, y los dueños de negocios aseguran que el flujo de clientes y compradores ha aumentado más de un 100 % en los últimos tres años, período en el que también ha sido detenida una buena parte de los pandilleros que causaban inseguridad en esta zona.
Los comerciantes consultados tambien admiten que, a diferencia del pasado, hoy no conocen de algún empresario o comerciante que esté siendo extorsionado, un problema que afectaba sus economías, pero que también ha sido erradicado por este Gobierno.
«Para nosotros era frustrante, vivíamos desesperados porque veníamos a los negocios pensando en que algo malo nos podía pasar; luego nos íbamos, pero el miedo iba con nosotros y llegábamos a las casas y nos encerrábamos. Pero hoy nos sentimos felices porque vivimos en un país sano y se nos acabó esa angustia», explicó Iris Ramírez, una comerciante del centro de la ciudad.






