Danilo Ernesto Mejía Díaz produce dos manzanas de piña en el caserío Loma de Tepilo, del cantón San José El Carrizal, en el distrito de Santa María Ostuma, de La Paz Centro.
Comenzó su propio cultivo hace poco más de un año junto con su padre, quien también se dedica a este rubro.
Manifestó que se siente orgulloso de seguir con este patrimonio, pues su familia siembra esta fruta desde hace más de 50 años, siendo este un legado importante que él también ha retomado.
Su campiña es nueva y la variedad es golden, hace cortes cada ocho días. En ocasiones su producción ronda en unas 7,000 unidades listas para comercializar, un número significativo para ofrecer al mercado nacional.
El joven agricultor manifestó que el valor agregado de su cultivo es cosechar con productos orgánicos, lo cual fue posible gracias al apoyo técnico de extensionistas del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa) de San Pedro Nonualco.
«Les agradezco mucho porque ellos me dieron la idea de trabajar más en la línea cero químicos, y hemos avanzado bastante. Sabemos que hay químicos muy fuertes, y con el tiempo he tratado de evitarlo y he tenido bastantes logros. Me he basado en las asesorías y ahora evito malas prácticas en el cultivo», añadió el productor.
Esta alternativa también es importante ante los cambios climáticos, además de que las exigencias del mercado le han hecho innovar, considerando que producir orgánicamente es una ventaja competitiva.
Es decir, cambiar la forma de fertilizar y contrarrestar las plagas ha ayudado a que su producto sea comercializado también en el mercado formal, poniendo de ejemplo el caso del convenio firmado con la empresa de licores Cihuatán.
«Nos llena de satisfacción que este producto ellos lo exporten, porque lo ocupan en el ron que elaboran, y eso significa que el sabor de nuestra piña está llegando a Estados Unidos y Europa», narró Mejía.
Añadió que él incentiva a más agricultores a que se animen a cultivar este producto, pues dice que, según estudios de mercado, del 100 % de la piña que se consume en El Salvador, solo el 10 % se produce en el país, lo que significa que hay un 90 % por explotar.






