En sus viajes en lancha rumbo a la cueva del Ermitaño o a la Isla de Los Pájaros, Óscar López, se sorprende al ver gente «anzueleando», cocinando sopas o bañándose en áreas desoladas, en los márgenes del Lago Suchitlán, de Suchitoto, Cuscatlán, que, en la época de las pandillas, eran zonas de alto riesgo.

Con la seguridad de no ser asaltados o extorsionados en el camino, miles de turistas están bajando a contemplar el ocaso del sol o las bandadas de pelícanos, cigüeñas, garzas, pichiches, chorlitos, patos y una variedad de más de cien especies de aves nacionales, migratorias, acuáticas y terrestres, que revolotean entre islas y las frescas aguas del también llamado Embalse del Cerrón Grande, activo desde 1,976.
«La seguridad se ve. La gente viene sin miedo. Ahí los veo anzueleando y bañándose en las orillas de todo el lago, lo que antes no se veía», explica el lanchero, Óscar López, quien hace viajes de paseo, con precios de entre los $20 y los $70, por las islas del Suchitlán, cuyo nombre proviene del náhuat, «lugar de flores».

Suchitoto, conocido por sus edificaciones coloniales, tiene atractivos turísticos como la Iglesia Santa Lucía, construida a partir de 1853 y declarada Monumento Nacional en 1978, el Puerto San Juan, la Cascada de los Tercios, senderismo al cerro de Guazapa y una variedad de gastronomía y artesanías autóctonas a base de madera, semillas, cuero, bambú o barro. Destaca por sus prendas de vestir, teñidas con añil.
Ubicado a 47 kilómetros de San Salvador, Suchitoto sufrió con fuerza los embates del conflicto armado entre el ejército y la guerrilla en la década de los 80 y como muchos municipios de El Salvador, fue asediado por las pandillas que, sobre todo en la periferia, cometían asaltos, cobraban extorsión y limitaban la libre circulación. Aunque las pandillas fueron erradicadas luego algunos negocios era extorsionados. Ahora eso es parte de la historia.
Armindo Acosta es un suchitotense, de 71 años, que de niño recorría las calles empedradas montando su caballo «Piscucha» y vendiendo cacahuates, maicillo, arroz, maíz y dulce de panela. Ahora es propietario del trencito que por $2 pasea a turistas nacionales y extranjeros en los contornos del parque, baja al icónico restaurante Casa 1,800, pasa por el parque San Martín, el mercado, la salida hacia San Salvador, hasta retornar al corazón de la ciudad, que tiene una superficie de 3.47 kilómetros cuadrados y más de cinco mil habitantes.
«Antes era fregado aquí», afirma Acosta, a quién alguna vez los «muchachos», le pidieron dinero para una bebida gaseosa. «Esos muchachos atemorizaban a la gente, sobre todo en las áreas rurales e incluso en la calle que baja hacia el lago Suchitlán», rememora.
Lo que se vive desde el 2022 con la vigencia del régimen de excepción es un resurgir. «Ha habido un gran cambio. Antes, por las pocas ventas, algunos negocios ya no podían pagar a sus empleados y cerraron. Muchos han vuelto a abrir y han surgido nuevos negocios. Ahora hay más respeto», afirma Francisco Menjívar, auxiliar de turismo en el distrito de Suchitoto.
Las bellezas del arte
Francisco González nació en Suchitoto y creció en medio de enfrentamientos armados en el casco urbano y en las serranías circundantes. De niño cortó café y trabajó en el campo, pero actualmente es líder del gremio de artesanos, que instalan sus ventas de pinturas, artesanías decorativas y utilitarias, a un costado de la Plaza Central.
Desde 2005, es parte de la «Feria Artesanal: Así es mi Tierra», que ofrece a los turistas, una variedad de piezas elaboradas por productores locales, que se han especializado en diferentes técnicas artísticas.
Aunque han pasado episodios difíciles, siguen en pie. «Con el cambio de gobierno, esto ha mejorado. Acá se camina hasta la madrugada y todo tranquilo. Cuando había pandillas, uno ni podía salir», expone González.
Un grupo de 15 artesanos se mantienen constantes promoviendo el trabajo elaborado en sus talleres y tienen como proyecto, capacitar a nuevos jóvenes para mantener esta tradición.
Turismo extranjero
En Suchitoto hay 15 empresas formales que brindan servicios de alojamiento, para nacionales y también para extranjeros. Existen 32 empresas registradas en el rubro de la alimentación, 13 dedicadas a la recreación, cuatro dedicadas al transporte y diez que se dedican a la información, según datos del Centro de Atención Turística (CAT).
Por las calles de la ciudad, que en nahuat significa «Lugar del Pájaro Flor», es común encontrarse europeos, estadounidenses, canadienses y de diferentes nacionalidades, afirma Raúl Galdámez, técnico en atención turística del CAT.
Muchos llegan para quedarse hasta un mes en el municipio, porque aprovechan para aprender el idioma español, agrega Galdámez.
El repunte del sector turismo en El Salvador, les está moviendo a innovar, debido a que, con la seguridad, el viajero se está dispersando por el territorio. Una de las apuestas es el tour «Pajareando en el Suchitlán», que busca promover los viajes a las islas del lago, para contemplar la variedad de aves que hay en la zona.
Aunque es difícil cuantificar la cantidad de turistas, que llegan a Suchitoto, se pueden estimar por miles que disfrutan de platos típicos en la Plaza Central, que se mueven por el museo Alejandro Coto y que bajan al Lago a disfrutar del paisaje y variedad gastronómica.
En 2023, el CAT registró 2,439 turistas que llegaron a solicitar información. De ellos, 1,172 eran extranjeros y 1,267 eran nacionales. Para el 2024 atendieron a 2516 de los cuales 1,096 fueron nacionales y 1,420 extranjeros.
Como detalle, Galdámez explica que ahora vienen más turistas extranjeros jóvenes. Antes por temor a las pandillas, únicamente venían extranjeros mayores. Eso significa que tienen más confianza de transitar por Suchitoto, afirma.






