El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) informó que en promedio en El Salvador se registran 10 sismos diarios y un terremoto destructivo cada década, por lo que es considerado uno de los países más expuestos al riesgo sísmico en la región.
La principal actividad sísmica del país se concentra en la cadena volcánica y frente a la costa, pues la placa de cocos se sumerge entre seis y siete centímetros cada año, lo que provoca sismos especialmente en las zonas paracentral y occidental del país.
Ante esto, el MARN anunció que ya cuenta con 107 estaciones sísmicas distribuidas a escala nacional. Esto representa un incremento, ya que en septiembre de 2024 se registraban 93 estaciones, aproximadamente.
En ese sentido, en las estaciones se cuenta con sismógrafos de período corto ubicados en los volcanes para identificar sismos con cualidades de actividad volcánica. También hay sismógrafos de banda ancha que capturan frecuencias altas y bajas, es decir, sismos provenientes de cualquier origen, como el mar u otros países.
Por lo tanto, El Salvador cuenta con una estación cada 196 km², una densidad significativamente superior en comparación con los países centroamericanos, pues Nicaragua tiene una estación cada 905 km², Guatemala cada 2,000 km² y Honduras una cada 7,000 km².
«Somos un país pequeño, pero que está preparado para advertir cuando suceda uno de estos fenómenos», indicó el ministro de Medio Ambiente, Fernando López.
El funcionario informó que dentro de esta red hay 14 estaciones de banda ancha, que permiten obtener registro de sismos que ocurren incluso en Japón, Chile e Indonesia.
«Estos avances reflejan el compromiso del presidente Nayib Bukele, el apoyo internacional y el esfuerzo del equipo del Ministerio de Medio Ambiente. La colaboración entre ciencia, tecnología e instituciones demuestra que es posible transformar la gestión de desastres, colocando la protección de los salvadoreños como prioridad», indicó López.
El ministerio también puso a disposición de la población una aplicación que notifica la llegada de ondas primarias y secundarias de los sismos, y desarrolla estudios con el apoyo de organismos especializados para prepararse mejor ante este fenómeno. «En un contexto de crecimiento urbano, estas evaluaciones son esenciales para diseñar edificaciones más seguras, fortalecer la resiliencia de las ciudades y mejorar los planes de respuesta», publicó el MARN.






