Desde hace tres años, la organización sin fines de lucro Conacce Chaplain comenzó a trabajar con el sistema penitenciario de El Salvador y, junto a un equipo que se encuentra en territorio nacional y en Estados Unidos, se preparan para visitar de jueves a domingo las cárceles en Izalco, Apanteos, Mariona, Quezaltepeque y el penal de Usulután. Basados en ese trabajo que realizan desde 2023, los organizadores descartan que se violen los derechos humanos en estas prisiones, como se ha señalado en organizaciones internacionales o de derechos humanos.

De acuerdo con el coordinador de Conacce Chaplains en El Salvador, Jaime Gutiérrez, la organización está constituida por capellanes, es decir, hombres y mujeres que reciben formación para este tipo de misiones. En este caso, su cargo funciona como el de un mediador que vela por la protección de las personas «sin recibir un sueldo y guiados por Dios», explicó. 

Cada semana la organización comparte con al menos 500 privados de libertad y en algunas ocasiones hasta con sus hijos. Todos reciben acompañamiento espiritual, consejería y apoyo humanitario.

Según los altruistas, con la labor de todo un año suman más de 72,000 atenciones a reclusos salvadoreños y de otras nacionalidades.

Cooperación. Los líderes se comunican cada semana para realizar las citas de jueves a domingo en los centros penales.

«Más allá de las cifras, creemos que cada vida tiene valor y que aun dentro de una prisión puede comenzar un proceso genuino de transformación, restauración y esperanza», compartió Ronald Vides, pastor titular de Ministerios Betesda, en California, y director general de comandancia en Estados Unidos de Conacce Chaplains.

«Sé que ha habido comentarios sobre abuso de derechos humanos, pero nada qué ver, los que estamos allí no podemos quejarnos ni envidiar al sistema carcelario de los Estados Unidos, claro, en nuestras propias realidades, pero los privados de libertad reciben la atención, están bien cuidados, [ya sea si] necesitan medicina o médicos. Es algo increíble, su comida está a tiempo», afirmó Vides.

El líder religioso junto a Gutiérrez coordina el trabajo con voluntarios, iglesias y ministros que participan en jornadas espirituales para compartir con los reclusos.

«Todo se realiza respetando estrictamente los protocolos de seguridad y coordinación establecidos por las autoridades penitenciarias», aseguró.

Solidaridad. Salvadoreños que residen en California se organizaron para enviar víveres en un contenedor.

A criterio de Gutiérrez esa transformación en los centros penales ha sido la clave para lograr la paz en El Salvador.

«El sistema penitenciario de El Salvador es único, es el mejor, y de verdad, no se trata de agradecer una cárcel o un penal, pero los que hemos tenido la oportunidad de ir, no lo decimos por quedar bien, sino porque es la realidad, es ordenado, aseado y disciplinado, los internos desde que uno llega no están mal encarados como en tiempos anteriores que eran ellos los que mandaban y decidían, ahora no, hay un orden, hay una educación», detalló.

«El sistema penitenciario es el mejor de Latinoamérica y es exitoso en El Salvador. La paz de El Salvador comenzó en el sistema penitenciario», expuso.

Cabe destacar que Conacce Chaplains tiene presencia y experiencia en centros penales de países como Colombia, Ecuador, México y Panamá, así como en los continentes de Europa y África.

Para Gutiérrez parte del éxito se debe a la implementación del Plan Cero Ocio impulsado por la Dirección General de Centros Penales durante el Gobierno del presidente Nayib Bukele. Los reos en fase de confianza y de baja peligrosidad tienen la oportunidad de desarrollar diferentes actividades y tareas de apoyo social, producir su propio alimento en los centros o convertirlos en espacios autosostenibles.

Objetivos, que, según Vides y Gutiérrez, las han vivido en sus visitas. 

Misión. Los líderes no solo llevan ayuda humanitaria a los privados de libertad, sino orientación espiritual y consejería.

Los reos en la fase de confianza apoyan con su trabajo en la limpieza de playas, borrar los grafitis de pandillas en las comunidades, reparan centros educativos y su mobiliario, hospitales de la red de salud pública, infraestructura policial y viviendas para familias de escasos recursos. Todos para eliminar el ocio y resarcir el daño, según Centros Penales.

Este programa no está disponible para asesinos ni violadores; y los privados de libertad aprenden sobre agronomía, construcción, arte, mecánica, arte, diseño y salud.

«En Apanteos las mujeres realizan el mantenimiento de su propio penal y el plan de asistencia médica allí es inmediato. Además, reciben sus paquetes [de artículos personales], me consta», dijo Gutiérrez.

«Es importante destacar que el programa incentiva el esfuerzo y la disciplina, ya que por cada día trabajado se les descuenta tiempo de condena. También reciben un incentivo económico al finalizar su proceso, ayudándoles a tener una mejor oportunidad al recuperar su libertad», agregó Vides.

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