Con los cambios en seguridad que vive El Salvador desde la llegada del gobierno del presidente Nayib Bukele en junio de 2019 y profundizados a finales de marzo de 2022 con la puesta en marcha del régimen de excepción, en Valle Verde, Madre Tierra, la Tikal y otras colonias de Apopa ya no se escucha de jóvenes que tienen que abandonar sus hogares y marcharse a zonas rurales a donde otros familiares por temor a ser asesinados, agredidos o hasta ser reclutados por las estructuras terroristas.

Esmeralda Guevara, de 23 años, confirma que vivió en carne propia esta situación debido a que tuvo que ver partir a su hermano hacia un cantón de Chalatenango cuando apenas era un niño. La muchacha relata que sus padres tomaron esa difícil decisión porque la vida del adolescente corría peligro pues Valle Verde era acosada por pandilleros de la MS y la 18, además si su hermano se quedaba en la zona solo debía pasar encerrado.

«Sí, básicamente mi hermano no pudo vivir aquí. Mi hermano, por más que él hubiese querido vivir aquí, era imposible por el mismo tema de las pandillas. Entonces se prefirió que debía irse al campo, que era donde no se veía tanto esto», cuenta la joven.

En 2015, el año más violento de la historia reciente salvadoreña, Apopa fue municipio con la tercera más alta tasa de homicidios, tras registrar 225 muertes violentas, registrando 128 asesinatos por cada 100,000 habitantes.

Por esta razón, el hermano de Esmeralda no pudo volver a su hogar por muchos años. Fue hasta 2022 cuando regresó sin ningún temor porque para ese tiempo la guerra contra las maras ya había dado sus frutos con la captura de miles de pandilleros que por muchas décadas acecharon a los pobladores.

«En Valle Verde los cambios los hemos visto bastante bien. Con solo el hecho que mi hermano pudo regresar. Igualmente, los familiares del extranjero ya pueden visitarnos sin tener que pagar extorsión a las maras por su entrada», dice Esmeralda. Agrega, «siento que eso es lo que nosotros más hemos sentido, ese alivio. Que ellos ya vienen con más seguridad, nosotros estamos más tranquilos de que estén aquí. Ya les gusta más pasar aquí, es algo que nos favorece bastante».

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Territorios olvidados

El alcalde de San Salvador Oeste, José Urbina, indica que Apopa tuvo una estigmatización durante esa década donde se perdía tanta juventud por culpa de las pandillas, debido a que ellas controlaban los territorios que fueron descuidados por los gobiernos de ARENA y el FMLN.

En la actualidad agradece que ya no se tienen esas pérdidas y ve con mucho entusiasmo el futuro debido al clima de seguridad que ha permitido que el municipio que dirige tenga una inversión histórica.

«Estamos muy satisfechos con el clima de seguridad, de paz y tranquilidad con la que ahora, sobre todo los estudiantes, pueden atender todas las obligaciones educativas. Pueden llegar a sus centros educativos con la tranquilidad de que ahora no va a haber pandillas reclutándolos, no va a haber pandillas matándolos», destaca el funcionario.

Urbina asegura que la seguridad no solo permite que las familias puedan salir con absoluta tranquilidad a hacer sus actividades diarias, sino que además tienen la confianza de que sus hijos van a estudiar. «No van a perder el tiempo, ni mucho menos a caer en la garra de criminales. Van a estudiar. Entonces, hay un agradecimiento profundo de parte de las familias al ver un país que avanza en un verdadero clima de paz, que se consolida la verdadera paz. Y te lo pueden decir testimonios de familias que fueron muy afectadas».

«En 2013 vine con unos compañeros, dejamos de venir porque en toda esta zona no se podía trabajar», dice Jaime Valladares quien trabaja en la venta de servicios de internet.  Valle Verde, Madre Tierra, el Tikal y otras colonias populosas de Apopa son parte del área donde trabaja desde hace más de 15 años, sin embargo, años atrás tuvo que sortear su vida para poder ingresar a esas zonas donde imperaba la MS y la 18.

«En 2013, los muchachos (pandilleros) pedían dinero y ciertas personas que fueran de la misma zona para entrar aquí. Era prácticamente arriesgar la vida. Entonces lo que hicimos con otros compañeros, mejor nos fuimos a trabajar afuera de la capital, por ejemplo, Chalatenango, que era un poco más seguro en aquellos tiempos», recuerda.

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En la actualidad la situación ha cambiado y Valladares manifiesta que colonias que antes era impensable ingresar ahora las recorre sin ningún temor. «Me sorprende porque prácticamente zonas que yo nunca pensé trabajar, las estoy trabajando, así como Popotlán (Apopa), y en Soyapango en Bosques del Río, Montes de San Bartolo 4, 5, 3, zonas a las que no se podía entrar a trabajar. Era muy estrictamente, los muchachos no dejaban entrar a nadie».

El vendedor asegura que prefiere dar explicaciones a un soldado que a un tipo que, si no le daba buenas respuestas, lo mataba. «Los soldados, lo único que le preguntan es que si uno anda trabajando».

«Se siente una gran seguridad ahora. Como le repito, entrar a estas colonias ahora, en aquellos tiempos, era un atentado para uno. Y ahora sí, se siente la seguridad», destaca Valladares.

Silvia Ruiz y su familia atienden la Taquería y Pupusería Angelito en Valle Verde 1 desde 2020. La joven comenta que a partir de 2022 trabaja sin el miedo a ser víctima de una bala perdida por las balaceras que los pandilleros ejecutaban en la calle principal.

«La verdad que es mucho mejor. Trabaja uno más tranquilo, más seguro. Y antes no podía estar uno así libremente», dice Ruiz.

La joven cuenta que debido a la seguridad amplió sus horarios y ahora cierra hasta las 11:00 de la noche porque a esa hora todavía anda mucha gente en la calle y muchos niños jugando, «cosa que, en mi vida, jamás pensé ver aquí en la colonia».