El escenario político y social de El Salvador cambió desde la llegada de Nayib Bukele a la presidencia de la república, asegura la ministra de Desarrollo Local, María Ofelia Navarrete, quien compartió con «Diario El Salvador» sus valoraciones sobre diversos procesos nacionales de los que ha sido testigo: desde participar en el conflicto armado hasta vivir en una nueva realidad democrática. Habló sobre las crisis sociales que han golpeado al país y el surgimiento de un nuevo liderazgo que ha llevado a El Salvador a encaminarse hacia el desarrollo económico y social y a posicionarse como referente a escala internacional.
Desde una perspectiva de excombatiente, ¿qué lectura hace de ese período crítico para El Salvador? ¿Qué es lo positivo y negativo que dejó el conflicto al país?
Lo positivo fue que, dadas las circunstancias, se generó una unidad, no digo amistad, porque va más allá de la amistad; una unidad entrañable entre todos los involucrados alrededor de un sueño, de una ilusión. Era tan grande y tan profundo que uno exponía la vida y estaba decidido a morir convencido de que por esa causa no importaba dar la vida, dado que la respuesta iba a ser un mejor mañana para toda la sociedad; ese era el ideal. Lo negativo es que nos pusimos en contradicción con nuestros propios hermanos, porque nosotros por un lado y el ejército por el otro; éramos como las puntas de lanza; los que están atrás son otros, y uno con el devenir se entera de que los dueños del mundo son otros, y pues se generan estos fenómenos tomando en cuenta las condiciones objetivas que uno vive. Entonces, al final siente uno que quizás no debió haber habido una guerra, viendo en retrospectiva; tampoco podemos sentarnos a llorar y decir ¿por qué lo hicimos? Fue un fenómeno social que trastocó la sociedad salvadoreña.
¿Cómo califica su experiencia ya como diputada del FMLN?
Mire, esa es una situación que la recuerdo con gran tristeza. Fue otra etapa, fue la lucha política; yo al partido le apostaba como usted no tiene idea. En la Asamblea yo me fui a dar cuenta de cosas y otras que las supe saliendo, y en la medida que estuve allí y que he vivido. Una vez hicieron un programa que se llamaba «La otra cara» y me preguntaron: ¿Cómo es el ejercicio del poder en la Asamblea? Bueno, les dije yo, en la Asamblea el jefe de fracción manda a todos los diputados… al jefe de fracción lo manda el partido político y al partido político lo manda quienes le dan el pisto, los financistas.

Cuando se pierde esa autonomía, se perdió todo. Yo estuve de 1997 a 2000; me ofrecen reelección y yo decido que no porque ¡Dios guarde!, yo a esa Asamblea solo que me hagan pedazos y me lleven voy, les dije. Yo estaba tan destrozada de eso, porque ahí me fui a enterar de que había en ese tiempo proyectos de ley que, con tal que dieran votos, se unían (los partidos), era el reparto del poder. Me alejé (del FMLN) porque como terminé en 2000 hice un traslape, me metí a estudiar tantito a la universidad, estudié un profesorado en estudios sociales. Luego en 2008 la ministra de Educación, Darlyn Meza, ofreció, a los que estábamos dando clases a través de Educo, la posibilidad de estudiar una segunda opción, y saqué el Profesorado en Matemáticas. Así fue como me metí en esa carrerita chiquita, pero probé el saborcito de los conocimientos, porque también uno pregunta, habla con otros; el universo es una cosa linda y se aprende también a disfrutar que el otro sepa, porque esa es la cosa.
¿Cómo evalúa la transición política que ha tenido El Salvador a partir de 2019?
Yo gritaba en la calle, allá en mi pueblo: ¡Se acabó el bipartidismo! Yo ya no estaba activa (en el FMLN), como no me acercaba me sacaron del padrón, pero siempre votaba por el Frente (FMLN). Yo estaba en una panadería que hay en mi pueblo (Arcatao, 2017) comprando salpores cuando, como a las 2 de la tarde, en la radio oí que Nayib Bukele era expulsado del FMLN. Por Dios, que si este hombre hace un movimiento, me voy con él, les dije allí en la panadería.
¿Cuáles considera que fueron los factores que llevaron a la ciudadanía a romper con el bipartidismo?
El pueblo estaba cansado de comandantes y coroneles. Yo le hice campaña a Sánchez Cerén por orden de Mauricio Funes, yo sabía que él no iba a responder, pero ganó las elecciones y tuvo cinco años más el Frente para demostrar que quería a la gente; pero cuando él estuvo en el poder, ni audiencia le daba a la gente, ni siquiera a los que él conocía. Yo me acuerdo de un radista, que fue radista de él (Sánchez Cerén) y vive en el Bajo Lempa, le pidió audiencia y no le dio. ¡Por Dios! Si uno cuando se le acerca la gente que uno conoce, alegre se pone.
¿Qué representó Nayib Bukele para los salvadoreños en ese momento para entregarle la presidencia de la república?
Yo creo que el sentimiento de la ciudadanía debe haber sido: «Vamos a poner a este [Nayib Bukele] a ver si nos resulta, porque no viene ni de un lado ni del otro». Y le resultó a la gente. Ya en 2024 la gente echó de ver que realmente iba a responder, porque ese salto para garantizar seguridad a la ciudadanía ha sido el «hit» más grande del presidente, porque realmente los otros (ARENA y FMLN) estaban vencidos por las pandillas. Aquí las pandillas mandaban, usted no podía entrar en un lugar donde no lo dejaran entrar ellos.
¿Por qué decidió usted acompañar al presidente Bukele en el trabajo desde el Ejecutivo?
Yo sentí que era una obra del Espíritu Santo, del espíritu del bien; sentía yo que con él iba a cambiar esta cosa, y me dio la ilusión, y después ganamos las elecciones. Yo he sido una vieja bullista hasta decir ya no, porque siempre me emociono cuando escucho los discursos y que hablan bonito de cara a los pobres, aunque nos haya salido en vano el «cuete» (con el FMLN) pero con Nayib no. Él visitó Chalate (Chalatenango) en campaña, y me vine (desde Arcatao) con mis cipotas y con mi marido y les dije: «Vamos, hoy lo vamos a conocer de cerquita». Cuando llegamos a la plaza de Chalate se topó como nunca la topó ni ARENA ni el Frente en sus mejores momentos. Cuando ganamos él me mandó a llamar, y cuando llegué, él me dijo que quería ponerme de ministra de Desarrollo Local.
A casi siete años de gobierno, ¿cuáles cree que son las razones para que la gestión Bukele se haya consolidado nacional e internacionalmente?
En primeritísimo lugar, él es un líder nacional y casi universal, pero empezando por nosotros. En este país todos los partidos políticos siempre en su debate decían: «Es que aquí no hay un líder»; y como el líder nace, no es que se vaya haciendo. El líder lleva intrínseco ese liderazgo y él es un líder que transpira amor al pueblo. ¿Cuándo habíamos tenido un gobernante por el que vinieran gobiernos de otros países a ver cómo se está desenvolviendo y cómo ha enfrentado el principal problema que azota al mundo (la violencia), no solo a América Latina, sino que al mundo?
Tomando en cuenta el próximo proceso electoral y la coyuntura actual, ¿cómo ve el panorama político del país?
Vamos a ganar, porque vamos a llevar al poder a la persona que queremos que siga presidiendo esta nación, porque ha demostrado que tiene amor por este país. Vamos en buen camino, en el camino correcto. Si yo fuera de esos políticos tradicionales, aprovecharía el momento de que hay un gobernante que quiere mejorar el país; y si no, lo mejor que podrían hacer es no meterse y no agitar a la gente a la equivocación.
Cuando deje de ser funcionaria, ¿regresará a su pueblo?
Sí, yo siempre he dicho que no soy remero de remos encantados, porque hay quien agarraba los remos en una lancha y atravesaba el río, y era el que pasaba a la gente, pero un día dijo: «Yo ya no estaré aquí de orilla a orilla»; preguntó, y supo por qué no dejaba ese trabajo: porque los remos estaban encantados. Entonces le dijeron: «Cuando venga otro, lo ponés a remar y te salís vos», y así fue. Entonces, uno no debe ser remero de remos encantados, porque entonces no hay oportunidad de que llegue el otro. Pero eso no pega con el presidente, porque realmente líderes de esa naturaleza no se cosechan seguido, esos nacen cuando Dios quiere.






