Este 29 de agosto se cumplen 160 años de la muerte, por fusilamiento, de José Gerardo Barrios Espinoza, uno de los más disruptivos personajes político-militares que ha tenido El Salvador como presidente, quien dejó huellas desde la educación primaria hasta la universitaria, en infraestructura vial y portuaria, la expansión del cultivo del café y además, fue un unionista centroamericano.

Barrios asumió la presidencia, primero de forma interina durante dos meses y 25 días, desde el 24 de junio al 18 de septiembre de 1858, y por voto popular para el periodo de 1860-1865, pero solo gobernó hasta 1863, cuando fue derrocado.

Durante su mandato, según lo han documentado tres historiadores de la Gran Logia Cuscatlán, impulsó reformas importantes, en educación y agricultura; creando las escuelas normales, de Santa Ana, San Miguel, San Vicente y San Salvador, la escuela de Artes y Oficios, introdujo el agua potable en San Salvador y entró en pugna con la iglesia católica al eliminarle el control del registro civil y por haber favorecido la educación pública de naturaleza laica.

Según el historiador Raúl Méndez Meléndez, Barrios «implementó un nuevo modo de pensar y de actuar del gobierno salvadoreño para los salvadoreños».

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Bajo su mandato se establecieron los jurados, se redactó el Código Civil y el de Procedimiento Civiles. Reseñas históricas detallan que Barrios optó por trasladar de Santa Tecla a Cojutepeque, el Supremo Tribunal, con lo cual el país tuvo dos cortes, hacia 1858. «Esta Corte se trasladó a San Vicente, en donde residía. Para consternación de los fundadores de Santa Tecla, el General Barrios, ordenó el traslado de la Capital de Cojutepeque a San Salvador el 29 de junio de 1858. La disposición exigía que también la Corte «Vicentina» volviera a la antigua capital, a lo que se negaron algunos Magistrados», se lee en «Historia de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador».

German Cáceres Buitrago, quien es maestro masón grado 33, define a Barrios como «un personaje controversial, criticado por unos y muy respetado por otros. Creo que al hacer el balance de las cosas que hizo Barrios, fueron en su mayor parte cosas positivas para el desarrollo del país en aquel momento».

Algo que lo marcó fue su permanencia de cinco años en Francia, Inglaterra, Bélgica y España, viaje al que fue como ministro del exterior, enviado por su suegro, el presidente Joaquín Eufrasio Guzmán. Y ya como presidente estableció las primeras bandas regimentales y ordenó la construcción de la Catedral de San Miguel, ciudad para la que también se construyó el primer puente de hierro. Los primeros muelles de hierro de Cutuco y La Libertad datan de su mandato.

Para el historiador Salvador Guzmán Sandoval, «sus ideales marcaron muchos aspectos de su vida personal, política y en lo público. Estar dispuesto a llegar a las últimas consecuencias, ir a guerras, tener una vida muy activa dentro de un gobierno, ser comerciante, tener tantas facetas y encaminarnos a lo que él creía correcto, es de admirar».

Según Guzmán, una de las cosas que profesaba Barrios era, no que los liberales se fueran contra la iglesia, sino que, los liberales lo que querían era, límites, donde no haya privilegios, porque todos deberíamos ser iguales, poner las cosas en su lugar y no abusar».

Y bajo esa lógica de igualdad, facilitó la creación de la Sociedad de Obreros la Concordia la cual le rindiría homenaje medio siglo después con la estatua en su honor erigida, en 1909, en la Plaza Cívica del Centro Histórico.

De acuerdo con Cáceres, obras de infraestructura como las carreteras entre San Miguel-San Vicente, Santa Ana-Acajutla, San Salvador-La Paz, San Salvador-Santa Ana, San Salvador-La Libertad y la contratación de docentes europeos para la Universidad de El Salvador también fueron parte de su legado.

Y todas esas obras y mandatos es lo que ha permitido que Barrios se haya mantenido en el imaginario, según Méndez Meléndez, «porque él se estaba adelantando en el tiempo para los salvadoreños. Aunque siempre hay para todo momento en la vida y todas las circunstancias quienes se le oponen… el peso de los que se oponían a Barrios es el oscurantismo ideológico, o sea había liberales y conservadores».

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En su juventud, Barrios se había incorporado al Ejército Federal Centroamericano dirigido por el General Francisco Morazán, quien luchaba para que las provincias de Centroamérica permanecieran unidas.

«En este caso, Barrios representaba la fuerza máxima del ideal de la unión centroamericana, y por supuesto, de la implementación renovadora del, podemos decir, liberalismo democrático, eso era lo que él llevaba en su cabeza», afirma Méndez Meléndez.

Y si bien el capitán general participó de diversas batallas armadas, como por ejemplo contra el entonces gobernante de Guatemala, Rafael Carrera, o facilitando armas y tropa al Gral. Máximo Jerez (liberal leonés) quien al frente de un ejército de 1,800 hombres invadió Nicaragua y sitió León en abril (1863) para derrocar al Presidente Tomás Martínez, su ideal progresista es lo que está presente en el imaginario salvadoreño.

LA GRAN LOGIA CUSCATLÁN LE RINDE TRIBUTO TODOS LOS AÑOS

Desde mediados de los años 1950, la Gran Logia Cuscatlán le rinde tributo a Barrios luego que el presidente, Oscar Osorio, estableciera ese homenaje un 29 de agosto en el sitio donde fue fusilado: bajo la ceiba del Cementerio General y en la sede de la Plaza Cívica.

Los historiadores Salvador Guzmán, German Cáceres, Raúl Méndez Meléndez, junto al gran secretario de la Gran Logia Cuscatlán, Juan Carlos Otaegui junto al retrato del Capitán General Gerardo Barrios.

Cáceres Buitrago, dice que, si bien no hay registro oficial de que Barrios fuera masón, la mayoría de los funcionarios que trabajaron con él, sí eran y «por otro lado, la división de la Iglesia y el Estado y sus ideas sobre la educación están muy relacionadas con el pensamiento de la Ilustración que viene desde el siglo XVIII desde Europa».

«Muchos de los políticos de su tiempo eran masones y era normal que si alguien tenía ciertas ideas filosóficas las implementaba en la política», recalca Guzmán.

Según la historia, José Gerardo Barrios Espinoza, nació el 24 de septiembre de 1813 en la Hacienda Espíritu Santo, en el Valle del Izcanal, que pertenecía entonces a San Juan Lempa y que hoy es Nuevo Edén de San Juan.

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En 1863, tras ser derrotado por tropas de Guatemala y Nicaragua impulsadas por la oligarquía y el clero salvadoreño, Barrios se refugió en Costa Rica, y cuando retornaba en barco al país, en 1865, fue capturado por las fuerzas militares nicaragüenses del presidente conservador Tomás Martínez quien lo entregó al gobierno de Francisco Dueñas para ser juzgado.

Tras ser detenido enfrentó dos juicios sumarios en menos de 12 horas, y pese haber sido absuelto por un tribunal en el primer juicio, en el que se le acusó de intentar derrocar a Dueñas, fue declarado culpable, sentenciado y fusilado a las 4:30 de la madrugada del 29 de agosto de 1865, a sus 52 años, hoy hace 160 años, pero parte de su legado aun permanece y sigue en el imaginario salvadoreño.