Lejos del bullicio de la ciudad, en el distrito de Jucuarán, Usulután Este, los habitantes viven y trabajan con mayor tranquilidad desde que el Gobierno implementó nuevas estrategias en temas de seguridad.
Durante muchos años, la MS afectó el crecimiento del pueblo al infundir miedo en la población, cobrando la llamada renta a los negocios que se abrían y asesinando a habitantes o visitantes.
La pandilla fue responsable de homicidios perpetrados principalmente en las zonas rurales; mientras que en el casco urbano se encargaban de extorsionar y asaltar a emprendedores, empresarios y trabajadores.
Solo durante 2016 se reportaron múltiples asesinatos en el distrito, como el séxtuple homicidio en el cantón El Zapote; el asesinato de un soldado y un joven; un triple homicidio en el cantón Samuria; los cuatro cuerpos que fueron encontrados en un cementerio clandestino en el cantón El Jícaro; y el asesinato de dos mujeres y un hombre en La Bocanita.
Según información publicada por la Fiscalía General de la República (FGR), entre 2012 y 2016 un grupo de 15 pandilleros de la MS-13 cometió una serie de delitos por la que fueron condenados hasta 279 años de prisión. Entre ellos, se les declaró culpables de cometer cinco homicidios agravados.
En esos casos, la FGR detalló que el grupo de pandilleros asesinó a cinco personas bajo el mismo modo operativo. Las víctimas fueron privadas de libertad y llevadas a la isla El Ojuste, donde fueron torturadas y asesinadas, para finalmente ser desmembradas y enterradas.
Zona críticas
Los habitantes recuerdan que en Jucuarán había zonas críticas en el tema delincuencial, entre estas el sector de La Cabaña, la colonia Santa María, El Progreso y la playa El Espino.
«Aquí a la tienda nos vinieron a asaltar en tres ocasiones con pistola en mano y con clientes adentro. En las rutas que hacíamos de entrega era constante el tener que pagar extorsión para entrar a ciertos lugares. Yo dejé de involucrar a mi familia en el negocio por el temor a que le pasara algo», comentó Álvaro Rodríguez, un empresario de Jucuarán dedicado al comercio de productos de la canasta básica.
El empresario agregó que ahora pueden trabajar con mayor tranquilidad e incluso otras personas se han animado a emprender, lo que ha permitido que exista una sana competencia.
«Las cosas han cambiado un montón, tenemos más libertad de trabajar. En el negocio tenemos servicio a domicilio y vamos a lugares donde antes ni nos imaginábamos entrar», expresó Rodríguez.
En los últimos años, gracias a la implementación del Plan Control Territorial, los habitantes comentan que transitan por las noches con mayor tranquilidad.
Una comerciante que tiene su pupusería en el parque comentó: «Hoy usted se queda dormido ahí en la noche, y ahí amanece sin que le pase nada».
«La zona era conflictiva, gracias a Dios las cosas han mejorado para bien, hoy nos movemos con mucha tranquilidad a cualquier hora de la noche, cosa que antes era bastante difícil hacerlo. Uno tipo 7 ya iba para su casa y ya no salía», comentó Raúl Romero, un habitante del barrio La Parroquia.
Crecimiento en negocios
En los últimos años, el distrito ha reportado un crecimiento con la apertura de negocios, lo cual brinda nuevas oportunidades de empleo, además de que otros habitantes se han animado a emprender.

«Tenemos una cantidad bastante buena de emprendedores. En los últimos dos años hemos visto otra realidad para Jucuarán, los emprendedores se han entusiasmado. Antes hubo tiendas que cerraron por el tema de pandillas y que ahora volvieron a abrir», detalló José Romero, de la unidad de catastro de empresas en Jucuarán.
Otro de los aspectos que se ha destacado es que muchos que se fueron al extranjero en busca de mejorar su situación económica se están animando a construir sus casas en diferentes cantones del distrito.
«Los cantones estuvieron asediados por las pandillas, la gente que venía a construir se detenía porque llegaban a pedirle la cuota para dejarla trabajar. Después de la puesta del régimen se sintió mayor seguridad, la gente empezó a construir con mayor tranquilidad», expresó Douglas Monjarás, uno de los dueños del café Torogoz, ubicado en el centro.






