Mujeres enamoradas que buscaban la felicidad, pero solo encontraron sufrimiento, dolor y muerte en manos de aquellos que juraron protegerlas, cuidarlas y amarlas por siempre. Esto es lo que parecen haber vivido Graciela Ramírez, Karla Turcios, Jocelyn Milena Abarca y Rosa María Bonilla Vega, cuatro víctimas que se casaron ilusionadas, quizá sin imaginar que sus propios esposos las asesinarían.
Para el psicólogo Julio Molina, la violencia en contra de la mujer se ha convertido en un mal silencioso, un mal que va avanzando poco a poco dentro de la relación y que tiene mucho que ver, en gran medida, con el poder de manipulación que tenga su cónyuge.
«Estas personas [los esposos] son manipuladoras casi que, de profesión, esa manipulación la van perfeccionando poco a poco, porque van viendo cómo van dominando sobre la otra persona hasta el punto que la terminan controlando, porque ya la otra persona no tiene el propio control de lo que quiere hacer, decir y actuar, porque depende de lo que la otra persona esté martillándole», relató el psicólogo.
Agregó que es difícil enfrascar en una sola lista de características a aquellos hombres o esposos que puedan convertirse en potenciales asesinos, sin embargo, aparte de la manipulación hay ciertas actitudes, comportamientos y circunstancias que podrían ayudar y alertar a las mujeres para evitar convertirse en futuras víctimas.
LA EDAD COMO FACTOR DETERMINANTE
«La edad siempre va a contar. Nuestro juicio y raciocinio que está dominado por lóbulo prefrontal termina su maduración allá por los 23 a 26 años, entonces estamos hablando que alguien que ya se acostumbró a este estilo de vida de manipular gente, le es más conveniente estar con alguien que todavía no ha terminado su madurez, porque entonces como que puede ser todavía maleable por él, puede tomar el control y hacerle parecer que las cosas así son, así tienen que ser y así pueden seguir siendo», indicó Molina.
La diferencia de edades entre la pareja podría haber jugado un factor determinante en casos como los de Jocelyn Milena Abarca Juárez, de 26 años quien fue asesina por su esposo Ronald Atilio Urbina Velásquez, de 33 y el de Graciela Eugenia Chávez Ramírez, de 22 años asesinada por su prometido José Héctor Otero Turcios, de 29.

Ronald Urbina le quitó la vida y desmembró a Jocelyn Abarca el 5 de julio de 2018, tras 10 años de relación. Luego de cometer el crimen Urbina puso partes del cadáver dentro de una cubeta y luego la lanzó en la quebrada La Mascota, cerca del Cementerio Los Ilustres, en San Salvador. La cabeza fue localizada en la quebrada El Piro, de Antiguo Cuscatlán.
En el caso de Graciela Ramírez su prometido José Otero la asesinó la mañana del 13 de febrero de 2018 en los condominios jardines de Zacamil en Mejicanos. Las autoridades señalaron que Otero habría acuchillado 56 veces a su prometida [tenía listo el vestido de novia] hasta causarle la muerte, el cuerpo de Graciela fue encontrado en uno de los pasajes de los condominios.
En ambos casos las autoridades informaron que familiares y vecinos de las víctimas manifestaron que las mujeres sufrían maltrato físico, verbal y psicológico por parte de sus parejas quienes querían dominarlas.
DESIGUALDAD PROFESIONAL Y ECONÓMICA
«Estas diferencias pueden influir, ya que social y culturalmente siempre ha sido al revés, entonces al momento de sentir que yo soy el dominado y realmente me veo mal, no soy el típico macho, no soy el típico hombre, el tradicional que soy el sustento, termina la persona desvalorizándose, sintiéndose menos y empieza aquella necesidad de sobre ponerse a eso, claro reaccionando de una forma violenta es la forma más equivocada que puede existir, pero ese machismo que tenemos tan arraigado en nuestra cultura los hace reaccionar así», afirma el psicólogo.
Según las autoridades, la desigualdad económica fue un factor determinante para que Mario Huezo y Denys Suárez asesinaran a sus esposas la periodista Karla Turcios y la doctora Rosa María Bonilla Vega, respectivamente.
La periodista fue estrangulada por su esposo Mario Huezo mientras dormía, el crimen ocurrió el 14 de abril de 2018. Huezo la reportó como desaparecida ese mismo día. Familiares manifestaron que Turcios era el soporte económico de la familia al ser ella quien tenía mayores ingresos.

Mientras que la doctora Bonilla Vega murió el 23 de enero de 2019, luego de ser trasladada al hospital por Suárez, quien la golpeó mortalmente en la vivienda de la pareja ubicada en una residencial privada de Santa Ana.
Según la Fiscalía, Suárez manejaba los ingresos de un negocio que tenían e incluso el sueldo de la doctora. Además, según explicó el ente público, Suárez era el encargado de dar diariamente cierta cantidad de dinero a la víctima para sus gastos, esto a pesar de ser el dinero del salario de ella.
«En casos como la doctora de Santa Ana y Karla Turcios, entre otros, nos hemos encontrado motivación de violencia a la víctima, y violencia económica… Hemos encontrado que un mantenido por la víctima le da muerte», aseguró en su momento el fiscal general, Douglas Meléndez.
EL CONTROL: más de 800 llamadas a su pareja
«Al realizar tantas llamadas y mandar tantos mensajes las personas lo que demuestran es una dependencia emocional de la otra persona. Solo el hecho que una persona no pueda pasar sin saber qué está haciendo, con quién habló, qué dijo, qué no dijo, ¿por qué no me ha escrito?, ¿por qué no me ha llamado?, ¿por qué no me manda una foto de donde está?, eso no es sano», detalló Molina.
El control excesivo de los esposos hacia sus parejas también quedó evidenciado en los casos de Jocelyn Abarca y Graciela Ramírez, quienes perdieron la vida a manos de sus compañeros de vida Ronald Urbina y José Otero.

Las autoridades detallaron que en el caso de Otero le realizó 803 llamadas a su prometida Graciela, en 40 días. Mientras que las investigaciones en el caso de Jocelyn arrojaron que la noche anterior al crimen, la joven salió de casa para reunirse con unos amigos, pero durante la velada Urbina la acosó con llamadas telefónicas y mensajes.
Ella le respondió un par de veces, pero como lo escuchó molesto optó por no llegar a dormir a casa y evitarse problemas. Al día siguiente, cuando se reencontró con él discutieron. Fue la última discusión.
El psicólogo Molina sugiere a las mujeres que identifiquen este tipo de actitudes o comportamientos en sus parejas, que busquen ayuda antes de convertirse en víctimas.






