Es interesante ver cómo la Canchona, la polvorienta cancha de fútbol del Distrito Italia, se ha convertido en un espacio de recreación deportiva para niños y jóvenes. Ellos juegan, se divierten y ríen ante la mirada de los espectadores, que en su mayoría son padres, madres, abuelos, tíos o vecinos.

No se trata de un torneo oficial, tampoco hay árbitro. Es un improvisado encuentro futbolístico, no planificado, simplemente fue coincidencia de un grupo de amigos de siete, ocho y 10 años, en tanto que los mayorcitos son adolescentes de entre 12 y 15 años.

Foto / Diario El Salvador

Unos juegan con zapatos deportivos, otros lo hacen con zapatos de vestir y los de familias con menos posibilidades lo hacen descalzos, o como dice uno de los papás aficionados «juegan chuñas».

La enorme y polvosa cancha obliga a los niños a poner metas elaboradas con tubos de hierro, de esas que cuando termina el partido alguien del grupo se las lleva y las guarda en su casa para el siguiente día retornar a pegarle a la pelota.

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A niños y jóvenes se los veía muy entusiasmados con el balón. Los más habilidosos hacían jugadas interesantes y provocaban un efecto eufórico entre los asistentes —no pasaban de seis u ocho personas— que los hacía aplaudir y gritar para apoyar a los chicos.

Los más pequeños trataban de emular con sus jugadas a sus ídolos, camisetas con los emblemas del Real Madrid y del Barcelona, aún con los nombres de Cristiano Ronaldo y Messi, advertían la fuente de inspiración.

Apenas han pasado 15 o 20 minutos, y hay muchas emociones, alegría y entusiasmo entre los jugadores; el fútbol les encanta, les apasiona. Eran niños a los que no les importaba que la cancha no estuviera en las mejores condiciones, basura por doquier, graderíos metálicos oxidados, porterías sin redes, sin el suficiente alumbrado y una que otra cortina de polvo que hacía que la mayoría, incluso los asistentes, cubriera sus ojos.

Foto / Diario El Salvador

Concluyó el partido y con ello la promesa de que al siguiente día volverán a la Canchona.

Acá no hay perdedores, todos son triunfadores, al igual que sus padres, porque se atrevieron, porque dejaron el temor a un lado y ahora todos disfrutan del bien más preciado al que niños y jóvenes tienen derecho: divertirse y disfrutar con plenitud momentos de sana diversión en compañía de amigos y de la familia.

Atrás quedaron los días en que los mareros no permitían que alguien disfrutara de ese espacio deportivo. Por años lo utilizaron como punto de reunión para consumir drogas y planificar sus fechorías.

Foto / Diario El Salvador

Hoy toda la algarabía de los niños y jóvenes que conlleva risas y gritos le vuelven a dar vida a la Canchona, como una clara señal de que El Salvador vive sus mejores momentos de paz, seguridad y tranquilidad.

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