Los habitantes de la comunidad Barra Salada, en Sonsonate, han convertido esta localidad en una zona segura y de conservación de las tortugas marinas y sus huevos.

Hasta hace un año era común la recolección y venta ilegal de huevos de tortugas, pero ahora se ha tornado en un espacio lleno de promotores comunitarios que protegen la vida marina, aseguró Estefany Torres.

Ella es una joven de 26 años, habitante de Barra Salada y viverista que colabora con la Fundación Zoológica de El Salvador (Funzel) y el Fondo de Inversión Ambiental de El Salvador (Fiaes).

En octubre del año pasado, ambas instituciones ejecutaron el proyecto «Conservación e impacto socioambiental económico de los proyectos de tortugas marinas» en la comunidad Barra Salada, con el propósito de conservar las especies que llegan a esa playa a anidar y también para apoyar a los habitantes de la zona a crear emprendimientos para que no recurran a la venta de huevos. 

«En esta comunidad las tortugas siempre han venido a nuestra playa a dejar sus huevos, pero cuando no teníamos este proyecto, estos siempre terminaban en el mercado negro. Ahora lo que hacemos es mantenerlos en nuestras playas y que esas tortuguitas regresen al mar», afirmó Torres.

Por medio del proyecto se ha buscado transformar la visión que tienen los habitantes de Barra Salada hacia las tortugas marinas a través sde programas de concientización y educación ambiental.

«Yo no sabía nada hasta llegar aquí, que hemos recibido mucho conocimiento y nos ha gustado, tenemos ahora más conciencia del daño que causamos y nos gusta estar aquí, solo así podemos retribuir el daño que le hacemos a nuestro planeta, entregándole más vida al mar», comentó.

Por su parte, Deysi Piche, técnica ambiental de Fiaes, explicó que el proyecto pretende contribuir a la conservación del medioambiente, pero también busca contribuir con los habitantes del lugar, brindándoles nuevas herramientas para trabajar. 

«Ahora ya no les llamamos recolectores, ahora les llamamos promotores comunitarios porque lo que queremos es que ellos puedan hacer sus actividades, pero dedicar su tiempo también a estas tareas de conservación», afirmó. 

Un ejemplo de ello es Sofía Martínez, de 30 años, que colabora recogiendo los huevos de las tortugas de la playa y los lleva hacia un corral de incubación que Fiaes y Funzel mantienen en Barra Salada.

«Toda mi vida he vivido aquí cerca de la playa y me ha gustado bastante el tema de las tortugas. Yo vivo cerca del mar y antes de que empezara con ellos [miembros de ambas instituciones], yo salía a la playa a recoger los huevos y lo que hacía es que en mi casa los enterraba y los liberaba; cuando empecé con ellos, ya traigo los huevitos para acá», dijo.

Asimismo, aseguró que no solo es una promotora comunitaria, sino que también ha comenzado su emprendimiento de alimentos bajo el apoyo del proyecto de Fiaes y Funzel.

Claudia Dueñas, coordinadora de proyectos de conservación de Funzel, explicó que el objetivo es involucrar a los habitantes de Barra Salada en las tareas de conservación, no solo incorporándolos a los trabajos ambientales y nuevos emprendimientos, sino transformando su mentalidad para cesar la venta de huevos de tortuga.

«Como todo cambio, al principio fue muy difícil que ellos cambiaran su mentalidad de no extraer el huevo de la playa para poderlo vender porque era su forma. Se comenzó a dar charlas, a explicarles cuál era la importancia de las tortugas, a estarles diciendo que si ellos seguían de esa manera se iban a acabar las tortugas. Con el tiempo, muchos de los que fueron saqueadores ahora apoyan a muchos corrales de incubación en varias playas», expresó Dueñas.

La presencia de las tortugas marinas en el océano es vital no solo para mantener un equilibrio en el ecosistema, sino también para los seres humanos, debido a que estas especies se encargan de controlar el incremento de plagas y algas que en grandes cantidades serían perjudiciales para la vida humana. 

«Son las jardineras del océano; ellas mantienen controladas muchas especies, por ejemplo, las algas o las medusas. Si las algas crecen demasiado en el mar, el sol ya no logra llegar hasta las profundidades y todos los animales y plantas que necesitan el sol no podrían hacer su ciclo de vida», comentó Dueñas.

Aseguró que si las tortugas marinas llegan a desaparecer, la población de medusas crecerá tanto que los seres humanos ya no podrían ingresar al mar para hacer actividades acuáticas o turismo. 

«Habría demasiadas y nos quemarían. Entonces las tortugas mantienen ese equilibrio en el ecosistema marino, además de muchos beneficios que brindan a la zona», añadió.

Por ello, Fiaes y Funzel ejecutan el proyecto en Barra Salada, el cual tiene como meta incubar 100,000 huevos y liberar más de 80,000 neonatos en dos años, tomando en cuenta que la probabilidad de eclosión ronda el 80 %.

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