La hacienda La Labor, una comunidad rural de Ahuachapán con más de 10,000 habitantes, ha experimentado una transformación profunda en los últimos años. Lo que antes fue un territorio marcado por el asedio de las pandillas —con crímenes constantes y titulares de noticias que describían un transporte público sumido en el pánico por múltiples asesinatos—, actualmente podría ser considerado un ejemplo de renovación y desarrollo.
Ese cambio ha sido posible por la visión del Gobierno del presidente Nayib Bukele, que apostó por devolver la tranquilidad, la dignidad y el bienestar a sus habitantes erradicando las pandillas en El Salvador.
Durante décadas en esa hacienda, las calles también permanecieron en el abandono, pero hoy lucen totalmente renovadas y pavimentadas, lo que facilita la movilidad y la apertura a nuevas oportunidades. Para los residentes, estas obras representan mucho más que infraestructura: simbolizan la libertad de vivir sin miedo, de emprender, de soñar y de construir un futuro distinto.
Melkin Salinas, trabajador social reconocido por su liderazgo comunitario, aún recuerda con claridad los días en que caminar por la zona implicaba un riesgo de vida o muerte.

«Antes había que aprenderse por dónde caminar, porque un camino contrario al de la pandilla rival podía costarte la vida. Acá ya no se ve eso. Nosotros caminamos por donde queremos. Hay visitas, incluso gente que viene de otras partes a hacer turismo; antes eso era imposible», expresó Salinas.
La hacienda La Labor, conocida como el pulmón de Ahuachapán por su abundante vegetación y su riqueza hídrica, alberga una de las fuentes de agua más importantes del departamento, en la zona conocida como El Tanque. Allí, algunos turistas disfrutan del paisaje, la naturaleza y el caudal que abastece a gran parte del territorio.
Para Salinas, su tierra natal posee un enorme potencial turístico y agrícola, dos pilares que, con seguridad y obras de calidad, pueden convertirse en motores de desarrollo.
Esa visión también se refleja en el nuevo rostro de la comunidad: uno que combina seguridad, naturaleza y progreso.
Tras décadas de inseguridad, ahora miles de familias finalmente pueden proyectar un futuro lleno de esperanza.
El Gobierno del presidente Bukele modernizó todas las calles, que antes eran de tierra, y las dejó completamente asfaltadas, con drenajes eficientes, barreras de protección y señalización adecuada.

Estas obras no solo aportan tranquilidad a los residentes, sino que también benefician a más de 800 estudiantes del Complejo Educativo Hacienda La Labor, que está en proceso de reconstrucción.
Juan Quinteros, motorista del transporte colectivo de la zona, destaca los cambios que desde su experiencia diaria ha tenido la comunidad.
«Estamos agradecidos porque esto nos ha servido para generar ingresos. No andamos con miedo, podemos trabajar sin pagar renta, no hay pandilleros y las calles están bonitas para transitar con tranquilidad», señaló.
La transformación cobra aún más relevancia al recordar los episodios de violencia que entre 2015 y 2017 convirtieron a las paradas de buses de la hacienda La Labor en un punto mediático, señalado como uno de los más peligrosos del departamento. Los usuarios vivían bajo un ambiente de terror, alimentado por sucesos que llenaron páginas en los periódicos nacionales.
En 2015, un hecho estremeció al país: un agente de la Policía Nacional Civil (PNC) murió tras enfrentarse con un numeroso grupo de pandilleros dentro de un bus de la ruta 202, que recorre entre Ahuachapán y San Salvador. Según las notas de aquel año, el policía habría frustrado la quema de la unidad, antes de ser atacado.
Dos años después, en 2017, un motorista de esa misma ruta fue asesinado en la zona. La PNC indicó que el ataque estuvo vinculado al cobro de la extorsión, una práctica criminal que dominaba el transporte público y que sembró dolor en decenas de familias.
Hoy, esos episodios forman parte del pasado y la hacienda La Labor se ha convertido en un territorio donde la seguridad, el turismo, la movilidad y la convivencia comunitaria florecen en libertad. Un renacer que sus habitantes describen como el inicio de una nueva era.
En esta comunidad se encuentra un área que por la amplitud de las calles es conocida como «la placita». Ahí, la semana pasada, una escuela decidió hacer su acto de graduación, evento que antes no se hubiese realizado por el temor que infundían las pandillas, afirman los habitantes.






