El 27 de marzo se cumplieron cuatro años desde que la Asamblea Legislativa aprobó, a solicitud del Ejecutivo, el régimen de excepción como medida de seguridad y herramienta legal para proteger la vida de los salvadoreños, tras una escalada de violencia homicida de las pandillas en 2022. Christian Guevara, jefe de la fracción del partido Nuevas Ideas, compartió con «Diario El Salvador» sus valoraciones sobre el proceso de transformación del país.
¿Qué valoraciones hace de todo el período tras la implementación de la medida de seguridad?
El régimen de excepción va para más de cuatro años y tiene un índice de aprobación que roza el 97 %; es decir, por mucho, actualmente y en la historia, ha sido la medida de seguridad más aplaudida por los salvadoreños y la más tangible. Nosotros hemos salido a la calle a preguntarle a la gente en las tienditas, en los buses, en el mercado Central, en el Centro Histórico, en los pasajes de las colonias, y nos decían: «no quiten el régimen».
De verdad, es una medida que la gente ha sentido en su vida cotidiana, por eso tiene un índice de aprobación tan alto. Creo que es un poco injusto reconocer o hablarlo desde el punto de vista de la Asamblea Legislativa; es decir, se aprueba a solicitud del Ejecutivo, pero también es una labor de Estado la que ha funcionado y por primera vez los tres Órganos, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, han tenido respuesta a una política estatal, más el ministerio público. Eso ha repercutido de manera tangible en la vida de los salvadoreños que ahora disfrutan de paz y tranquilidad que por décadas no tuvimos.
¿Cuáles considera que han sido las transformaciones más importantes y evidentes que ha dado esta medida?
La seguridad es la política más rentable que hemos tenido en las últimas décadas; por ejemplo, se ha desarrollado una industria turística que no la teníamos; es decir, era 2 %, 3 % del producto interno bruto [PIB] a pasar al 14 % del PIB, con una proyección de un 20 %.
Es el desarrollo de toda una industria que antes no teníamos, porque evidentemente a la gente le daba miedo venir a El Salvador. Al turista le decían: «No vaya al Centro Histórico, no salga, aquí le tenemos taxi».
Hoy, al contrario, llega a un hotel, a un Airbnb, y le dicen que vaya al Centro Histórico, a nuestras playas, a la Zona Rosa, a cualquier lugar, a la hora que quiera y no hay problema. Se ha desarrollado la industria turística. La industria de la construcción está llegando al 30 % del PIB, entre infraestructura privada y pública, que es la que está construyendo el Estado; eso denota el avance que ha tenido la economía a partir de la seguridad.
La transformación más grande que ha tenido el país ha sido la económica, partiendo de la seguridad. Lo que se ha traducido en fuentes de empleo. Claro, yo he visto anuncios que dicen: se necesitan empleados de la construcción. Si vas a los proyectos actuales, la mitad son mujeres; antes era imposible ver a una mujer en la construcción y ahora las vemos poniendo lo eléctrico, acabados, tablarroca y la cerámica. Lo hacen bien.
No hay nada más importante que darle empleo a una mujer porque normalmente ellas son el sostén del hogar. Cuando tú le das empleo a una mujer, el beneficio es piramidal. Estas oportunidades se están dando. Hemos visto en el sector de la construcción que vienen de Nicaragua y Honduras a cubrir la mano de obra faltante. Sí, el momento económico global es difícil, pero gracias a Dios El Salvador lo está afrontando de la mejor manera en comparación con otros países.
¿Cómo evalúa el trabajo del congreso al acompañar las solicitudes del Ejecutivo?
Cuando sales a las comunidades a hablar con la gente tienes el verdadero mapeo de lo que pasa en el país y la gran preocupación de los salvadoreños es que siga el Gobierno del presidente Bukele, porque se preguntan: «¿Y si no sigue él, qué va a pasar?, ¿se va a acabar la paz, la seguridad, los proyectos?».
Son dudas válidas porque venimos de gobiernos que nos engañaron, que prometieron y no cumplieron, que negociaron con criminales. La gente nos dice: «Cuiden al presidente, acompañen al presidente». A mí como diputado me dicen: «Ustedes deben cuidar al presidente, acompañar al presidente, ustedes deben siempre votar por el presidente», y eso es lo que hemos hecho.
La otra preocupación de la gente es la posibilidad de que se libere a los pandilleros, a los que algunas ONG califican como capturas arbitrarias. Obtenidos resultados históricos en la reducción de homicidios, extorsiones y otros delitos,
¿cuál considera que es el mensaje que se manda al resto de naciones que pasan por una situación de inseguridad?
Creo que la preocupación de los organismos internacionales, periodistas prepago, opinadores a sueldo es que el modelo Bukele se expanda en la región. El modelo no es capturar y poner en una cárcel.
El tema del modelo Bukele es que le cambia el paradigma a las organizaciones que dicen «el debido proceso», que siempre fue enfatizado en el victimario y no en la víctima. Cuando no hay justicia no hay debido proceso, porque no puede haber una protección sistemática del victimario en detrimento de la víctima.
Creo que ha cambiado el modelo de nuestros sistemas de justicia que no funcionan en Latinoamérica y que ahora en El Salvador será un ejemplo porque la gente en México, Perú, Chile, Colombia pregunta: «¿Cómo lo hicieron en El Salvador?» Vienen constantemente; vino una delegación de República Dominicana a la que atendí y pregunta: «¿Cómo lo hicieron?». Hoy la tasa de resolución de homicidios es de 100 % y la tasa de impunidad de los demás delitos ha bajado drásticamente.
¿Qué se les puede decir a los organismos que hacen señalamientos infundados?
La política de seguridad del continente, que es el Escudo de las Américas, nació en El Salvador en una reunión que tuvo el presidente Nayib Bukele con una de las democracias, llamémosle, más fortalecidas o con mayor renombre de América, que es la de Costa Rica; pero esa política continental nació del país más pequeño del continente.
Tal es el impacto de la política de seguridad en el continente, que donde pongas a Nayib Bukele en la papeleta de votación de un país ganaría.
¿Cómo ve al país en un futuro cercano?
Es decisión de los salvadoreños. Si deciden que el presidente Bukele siga, van a continuar las mejoras en educación, salud, en infraestructura pública, y estoy seguro de que se mantendrá la seguridad. Pero si los salvadoreños deciden escoger entre las opciones políticas tradicionales, no se extrañen de los resultados, porque los vivimos por 30, 40 años.
Seguirán negociando con los criminales, los van a dejar salir de las cárceles, van a retomar la costumbre de negociar votos, de comprar la gobernabilidad, y ya sabemos los resultados: cientos o miles de tumbas, incluso de desaparecidos, de las que se llenó este país. El futuro que le espera a El Salvador es la decisión de los salvadoreños.






