Urania Guadalupe Rosales Alvarado es maestra de música en el Centro Escolar Caserío Santa Paula, en Apastepeque, San Vicente. Sus clases son muy esperadas por los alumnos, tanto que los de parvularia la reciben con abrazos y bienvenidas, ya que la profe Lupita, como la llaman, lleva no solo instrumentos para tocar, sino que sus clases son dinámicas y hacen que aprender sea más atractivo.
Cuenta que comenzó a practicar a los ocho años este arte, ya que en su familia la mayoría son músicos. «En la casa en lugar de juguetes teníamos instrumentos musicales. Mi papá era maestro de música e instructor de bandas musicales y nos inculcó esto, andábamos de arriba abajo, todo era música», comenta.
A los 13 años tuvo su primera experiencia con una orquesta femenina que era de Cojutepeque. Comenzó con los timbales y al ver su talento pasó a una orquesta internacional que viajaba a Guatemala, que se llamaba Las Chicas Menta.
A sus 33 años ha pertenecido a las orquestas Las Bellas Indomables, Los Tacuazines de Oriente como tecladista, y también a la orquesta de San Esteban Catarina, lo que ha marcado para bien su vida.
El apoyo y la confianza de su padre para su primera instructoría de banda musical en Apastepeque la ha llevado a tocar varios instrumentos como la batería, el piano, la guitarra, el saxofón, los timbales, instrumentos de viento, la cañuela, es decir, de todo un poco; conocimientos que ahora comparte con sus estudiantes. Dice que enseñar la llena de satisfacción, pues considera que ya ha obtenido logros en sus primeros años como maestra.
«En las dos escuelas que he estado he logrado conformar estudiantinas. Aquí, en mi centro escolar [Santa Paula], le digo mi centro escolar porque le tengo aprecio, en el primer año hicimos una danza folclórica acompañada de música en vivo [la estudiantina], y a escala departamental se ganó el primer lugar; los cipotes en poco tiempo hicieron las cosas a la perfección», destaca la docente.
«La música va más allá de producir un sonido o un ruido, como le podrían decir; ayuda en el desarrollo de cada alumno, de cada persona, pues trabajo también con adultos y les ayuda a involucrarse más en la sociedad. Es una expresión artística», explica.
Este tipo de esfuerzos en la educación no solo beneficia a los alumnos, sino también a la comunidad. Dice que en Santa Paula están agradecidos, ya que algunos estudiantes están en coros de la iglesia, por lo que este aprendizaje es un beneficio para la sociedad en general.






