«Dios me abrió la mente y el corazón»

A los 27 años, Mayra Estela Moya Bernal celebraba el primer año de vida de su segundo hijo y cursaba sus estudios de Técnico en Gastronomía en La Unión cuando descubrió una pequeña bolita en el seno izquierdo, por lo que luego de una serie de exámenes y consultas médicas recibió la confirmación de que se trataba de cáncer.

«Me palpé la bolita y no me quedé callada y busqué ayuda médica para detectar si era una masa de leche, como me habían dicho. Me angustié porque no era normal en mi cuerpo, y además de que en mi familia hay antecedentes de cáncer», recuerda Mayra.

Sin pensarlo mucho, buscó la ayuda económica entre su familia y decidió someterse a una cirugía en una clínica privada, para luego continuar con quimioterapia en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

«En estos momentos llevo el 70 % ganado. En octubre del año pasado cumplí las 21 quimioterapias; solo me he quedado con las quimios tomadas, que son por cinco años», explica.

Mayra describe los últimos dos años de su vida como una «dura batalla» que la ha llevado a fortalecer su fe en Dios y en la humanidad, pues en el momento más difícil un grupo de excompañeros decidieron apoyarla con un evento para recaudar fondos.

Decidió organizarse con otras personas para crear un grupo de- nominado Ayudamos de Corazón con Dios, en camino a convertirse en fundación. «Gracias a esa enfermedad, Dios me abrió la mente y el corazón para ayudar a los pacientes con cáncer y de insuficiencia renal que tenemos en La Unión», expresó la mujer.

Los fondos son recaudados por medio de la venta de cenas típicas y organización de funciones de circos. «Vamos a pedir ayuda a los circos, mitad para ellos, mitad para nosotros, y nosotros damos la publicidad», explica.

A pesar de lo extenuante que puede ser combatir un cáncer, Mayra mantiene su vitalidad y energía. «Hago pasteles por encargo, tengo a mi mano derecha, que es mi hija de 10 años, que siempre me está apoyando, y también tengo una venta de chocobananos en el Parque de la Familia de La Unión», cerró.

«Lo más importante es el chequeo médico»

Mirela Chatara de Padilla, de 48 años, es una talentosa y organizada profesional que al cumplir los 40 decidió hacerse exámenes de rutina para detectar posible pre- sencia de cáncer de mama, aun cuando en su familia no existían antecedentes de esta enfermedad.

«Me detectaron cáncer en agosto de 2017 y me sometí a una cirugía el 21 de septiembre de ese mismo año. Ese año me detecté una bolita chiquita. En un principio no lo consideré preocupante, me hicieron una ultra, no me apareció mayor cosa, y posteriormente me hice una biopsia y no me salió nada. Me dijeron que era una displasia [presencia de células anormales en un tejido o un órgano]. Pero me recomenda- ron que me hiciera una biopsia con pistola. Tomaron cinco muestras y en una de esas detectaron una parte dañada que sí era un cáncer».

Una vez confirmado el diagnóstico, se sometió a una cirugía en una clínica privada para luego recibir el tratamiento respectivo en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).

Mirela ha aprendido a «no escatimar en invertir en su salud», una recomendación que brinda a otras mujeres, ya que considera que no solo se trata de apoyar eventos de concientización de prevención de cáncer de mama.

«No se trata de solo andar participando en marchas, en bailes ae- róbicos, eso es para motivar; pero muchos andan y no toman la deci- sión de ir a hacerse una mamografía. Ya gastamos más en un tinte, un alisado, las uñas, y no queremos tomar la decisión de invertir en una mamografía o en una citología, por si no queremos ir a un hospital. Lo más importante es el chequeo médico», señala.

Además, lamenta que muchas pacientes deciden cortar su trata- miento una vez finalizada la quimioterapia. «Yo incito a todas esas mujeres a las que les dejan pastillas hormonales que concluyan su tratamiento. Esas pastillas son carísimas y son parte del tratamiento. Los médicos saben por qué las dejan y a veces despreciamos lo que nos dan en el Seguro o pensamos que porque se acabó el proceso de quimio ahí terminó todo, y no: tenemos que ir al control», puntualizó.

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