Los equipos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), en coordinación con la Fuerza Naval, atendieron el varamiento de una ballena macho de la especie Bryde (Balaenoptera brydei), de aproximadamente 20 metros de longitud, en la zona costera de La Unión Sur. Debido a lo complejo del terreno, los guardarrecursos esperaron el ascenso de la marea para evaluar las opciones y movilizar el cuerpo de forma segura.
La disposición final se hizo conforme a los protocolos establecidos con asesoría técnica especializada y siguiendo el plan de acción para la atención de varamientos de cetáceos, lo cual es parte del Programa Nacional de Conservación de Cetáceos.
De acuerdo con el biólogo Luis Armando Pineda, coordinador del Programa Nacional de Conservación de Cetáceos, la respuesta ante este evento se rigió por un esquema de actuación estandarizado, estructurado en tres fases críticas. Primero se estableció un cordón sanitario para mitigar los riesgos de zoonosis, es decir, la transmisión de enfermedades de animales a humanos.
«Esta fase se ejecutó de manera interinstitucional integrando capacidades de la Policía Nacional Civil (PNC), la Marina Nacional y el equipo técnico del ministerio, compuesto por médicos veterinarios y guardarrecursos, contando además con el apoyo logístico de las comunidades locales», dijo Pineda.
Asimismo, se procedió al llenado de la ficha técnica de varamientos, recolectando datos morfométricos como la longitud y el ancho de la aleta caudal. Además, hicieron diagnóstico médico-veterinario y una documentación fotográfica exhaustiva para la identificación taxonómica.
«Cabe destacar que, debido al avanzado estado de autólisis [descomposición] del espécimen, no fue viable la recolección de muestras de tejido para estudios genéticos o histopatológicos, ya que el material biológico presentaba una degradación significativa», explicó el biólogo.
En la última fase hicieron la gestión y la disposición final del espécimen. Debido a que es zona de acantilados con ausencia de berma arenosa, el personal determinó que el acceso de maquinaria pesada o vehículos automotores era técnicamente inviable, por lo que optaron por una disposición final mediante remolque acuático. El cadáver fue trasladado a aguas profundas para permitir los procesos biológicos naturales de degradación.






