Durante muchos años los periódicos nacionales publicaron los hechos delictivos que las pandillas cometían a diario dentro de los mercados municipales, revelando que estos grupos ejercían control en dichos espacios públicos. 

El principal flagelo que se registraba era la extorsión que pandilleros exigían a los comerciantes, quienes además de cumplir con el pago del arrendamiento y de los impuestos por los locales, debían trabajar para obtener grandes sumas de dinero que exigían los grupos al margen de la ley. 

Dicha situación afectó la economía de los comerciantes, incluso algunos de ellos que vendían productos pequeños y obtenían poco margen de ganancia. 

El presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, recordó las circunstancias en las que trabajaban los comerciantes, previo a la aprobación de la Ley de Creación de la Dirección Nacional de Mercados y Locales Comerciales Ubicados en Espacios Públicos. 

Castro señaló que los mercados a escala nacional se mantuvieron en el abandono por años, lo que permitió a las maras imponer sus reglas. 

«Allí [en los mercados] ni siquiera las alcaldías dominaban, allí eran los mareros los que dominaban y el impuesto más grande que tenían los comerciantes en los mercados era el que imponían los mareros; y todo eso lo hacían a sabiendas de los gobiernos en turno», afirmó Castro. 

La nueva Ley de Creación de la Dirección Nacional de Mercados y Locales Comerciales Ubicados en Espacios Públicos tiene un componente para garantizar la seguridad en estos centros de abasto. 

El literal del artículo 6 establece que una de las competencias de la nueva dirección es garantizar la vigilancia interna. 

«El presidente Bukele ya demostró siendo alcalde que retiró el desorden que estaba afuera de los mercados, y llevó a los vendedores a un orden que jamás había existido, que no solo fue en los mercados sino en todo el Centro Histórico, que era la cuna y el hervidero de todos los pandilleros», aseveró Castro. 

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